viernes, agosto 12, 2022
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¡Cómo se atreve!

Las buenas conciencias del pensamiento convencional, esto es esencialmente conservador, se escandalizan y desgarran las vestiduras por el ultimátum del presidente López Obrador a la Organización de Estados Americanos de no asistir al evento en Los Ángeles, Estados Unidos, en caso de insistir en excluir a Cuba, Venezuela y a Nicaragua. Dicen que por qué México se pone de lado de países que son considerados dictaduras por Estados Unidos y el impresentable Almagro, otra cosa que es lo que los Estados Unidos dicen que sea. Por eso el presidente López Obrador ha dicho y llamado explícitamente a fundar una nueva organización de estados iberoamericanos, sin Canadá y Estados Unidos, que distorsionan los propósitos iberoamericanos. Las razones son incontrovertibles, la asimetría de las economías y la naturaleza de problemas son completamente distintas. Salta a la vista.

Pero resulta que, hoy, México no es el actor político que fue durante el oscurantismo neoliberal. 36 años de deterioro multidimensional del Estado mexicano de bienestar que se construyó como resultado de la Revolución Mexicana. El período neoliberal redujo a México a una condición lacayuna de las teorías y ocurrencias neoliberales: reducir al Estado a condición de mero administrador y facilitador para privatizar las ganancias públicas y democratizar las pérdidas privadas (Fobaproa). El daño al Estado fue integral. No solo en lo institucional y su desempeño sino en la razón misma de su existencia, los gobernados. 

La racionalidad de los tomadores de decisiones occidentales está obnubilada por lo que a todas luces es un entendimiento equivocado. Hasta ahora Rusia ha librado bastante bien la hostilidad económica. No así los países europeos que han sido profunda y estratégicamente afectados, por la decisión de sumarse a la intención punitiva estadounidense. Es una lógica insostenible y de suma cero.

La postura del gobierno mexicano de exigir el diálogo y amagar con no asistir es posible por la autoridad de tener un narrativa y entendimiento no neoliberal, esto es empático, de las cosas.

La fauna maledicente se cebará en la crítica chabacana. Que si ¿quién se cree que es?; que si qué tontería, entre otras descalificaciones más o menos viscerales.

Es un hombre de Estado respaldado con abrumadora mayoría por el pueblo que gobierna. Eso le confiere una autoridad contundente frente a otros actores y poderes de este atribulado planeta. Lo que es un hecho es que no importa el resultado final de la exigencia mexicana, en cualquiera caso México se afianza como actor internacional referencial, tanto en lo regional como en lo global. Nada más, nada menos. Son otros tiempos.

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