martes, agosto 9, 2022
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Guerra y economía global // Porrazo a Latinoamérica // G-7: dirigentes primitivos

México SA

Carlos Fernández-Vega


Cuatro meses atrás, tras el estallido de la guerra en Ucrania, la mayoría de los gobiernos y los organismos multilaterales mostraron su preocupación por el conflicto en sí –más por el efecto geoestratégico implícito–, pero en una primera lectura minimizaron o de plano no ponderaron las terribles consecuencias socioeconómicas globales que ello generaría. A la distancia (10 mil kilómetros en el caso de México y 13 mil en el de Argentina, los polos geográficos de Latinoamérica), las autoridades de la Patria Grande fijaron posición, pero no hicieron mayor referencia a lo que venía ni tomaron las precauciones del caso.

En el inicio, los expertos estimaban que el conflicto estaba focalizado, sería de corta duración y sus efectos serán limitados, pero ni lejanamente ha sido así, de tal suerte que el golpe socioeconómico ha sido riguroso, con ganas de empeorar. De por sí la pandemia descompuso lo que ya estaba desordenado, pero la guerra terminó por dar el golpe de gracia.

¿Cuál ha sido el golpe para la “distante” América Latina y el Caribe? La Cepal hace un balance de los primeros cuatro meses de guerra y el resultado no es nada grato: “la guerra entre la Federación de Rusia y Ucrania ha generado una crisis internacional cuyos efectos en la región deben analizarse en el marco de casi dos décadas de choques externos que, pese a tener distintos signos e intensidades de un país a otro, han deteriorado las condiciones de inversión y producción en la región en un contexto de incertidumbre persistente, por lo general creciente”.

La Cepal subraya que a pesar de la limitada relación económica entre América Latina y las naciones en conflicto, el golpe ha sido severo. Destaca: “en 2020, sólo 0.6 por ciento de las exportaciones totales de bienes de la región se dirigió a la Federación de Rusia o a Ucrania, al mismo tiempo que en esa misma proporción provinieron las importaciones regionales de esas dos naciones. En el caso de las exportaciones, tres países se distinguen por el mayor peso que revisten para ellos los mercados de la Federación de Rusia y Ucrania: Paraguay (5.6 por ciento), Jamaica (5.5) y Ecuador (4.5). En cuanto a las importaciones, los países que más se abastecen en la Federación de Rusia y Ucrania en términos relativos son Brasil (1.8), Bolivia (1.6) y Paraguay (1.2)”.

Comercio limitado y focalizado, pero las economías de América Latina y el Caribe “comenzaron a experimentar un incremento de la tasa de inflación en 2021. Aunque en 2020 la inflación regional se mantuvo en niveles históricamente bajos (3 por ciento), desde el segundo semestre de 2020 se ha incrementado. Al cierre de 2021, la inflación, excluidos los países que presentan inflación crónica, alcanzó 6.6 por ciento, el mayor nivel desde octubre de 2008. La inflación anual de la región en abril de 2022 fue de 8.1 por ciento. Muchos bancos centrales anticipan que la inflación se mantendrá elevada en lo que resta de año a consecuencia del alto nivel de incertidumbre en el contexto internacional, en especial por los choques externos de oferta”.

La importancia de los componentes de alimentos, transporte (combustibles) y vivienda (electricidad, gas y agua) en el índice de precios al consumidor contribuye al traspaso del choque externo de oferta a la inflación general interna, dice la Cepal. “El choque externo ha afectado los costos de producción internos, como lo muestra el alza del índice de precios al productor, que termina impactando la oferta local. Además, en un contexto de alta volatilidad del tipo de cambio, el choque externo se potencia y se traduce finalmente en un incremento de los precios de los bienes y servicios comercializables internacionalmente”.

El actual conflicto, puntualiza la Cepal, ha acentuado la tendencia a una mayor regionalización del comercio y de la producción que se observa desde hace algunos años a nivel mundial. América Latina y el Caribe no puede sustraerse a esta tendencia, mediante la cual los países buscan una mayor autonomía estratégica en el abastecimiento de productos e insumos clave”.

Las rebanadas del pastel

Mientras, los integrantes del G-7 se dedican a retroalimentar la guerra en lugar de buscar salidas diplomáticas para terminar el conflicto. El cavernario primer ministro británico, Boris Johnson, propone “mostrar que somos más duros que Vladimir Putin; debemos mostrarle nuestros pectorales”. Con energúmenos así, para qué necesita el mundo más enemigos.