Congestivos fenicios, mercachifles de la salud inducida
octubre 20, 2021 |

Desde hace seis días el presidente pidió a la OMS que, toda vez que las vacunas no occidentales –chinas y rusa– han mostrado su eficacia porque después de un año los contagios graves y hospitalizaciones disminuyeron más entre la población que recibió su aplicación y no hubo reacciones adversas, no hay ninguna razón para no autorizarlas y reconocerlas como válidas en todas las fronteras.

Ayer en la mañanera fue más allá porque dijo que ante la ineficiencia de la Organización Mundial de la Salud porque no ha habido una respuesta, piensa enviarles una carta para ‘apurar’ el proceso de autorización de todas las vacunas contra covid-19. El siguiente paso debiera ser el compromiso solidario de las farmacéuticas de liberar las patentes y la tecnología para que puedan ser replicadas en otros países.

Habrá quienes sospechen y digan que hay gato encerrado en la petición; que en realidad es un cálculo político para ganarse simpatías y usarlas después políticamente. Y es probable que el Presidente sea consciente de eso; habrá muchos otros que les parezca un y gesto práctico de compasión. Cualquiera de las dos aproximaciones es posible, además de que no necesariamente son excluyentes.

Pero lo que importa para efectos valorativos es cuál es el resultado de la petición, cualquiera que haya sido la motivación principal. De atenderse por parte de los corporativos farmacéuticos, necesariamente beneficiará a todos porque la inmunización reactivará más pronto la economía de forma duradera.

Lo cierto es que Europa se resiste a compartir el salto tecnológico de las vacunas que han encumbrado a BioNTech y Pfizer. La UE se muestra dispuesta a negociar la suspensión de ciertas patentes, pero quiere blindar la protección de la tecnología de ARN mensajero, de la que no disponen aún China y Rusia.

Business are business y salvo el detalle de que hay cientos de millones de congéneres en el planeta sin acceso a la inmunización y que tienen derecho a serlo, la lógica de las sociedades anónimas corporativas nada tiene que ver con los intereses del resto de los mortales. Se trata de ganar dinero. La sospecha de eso ha alentado a movimientos anti vacunas en varios países europeos y en Estados Unidos.

Una gran cantidad de ellos asociados a movimientos conservadores y supremacistas, aunque el dato en realidad no significa nada porque no aclara las razones ni las motivaciones para hacerlo fuera de la sospecha de intenciones inconfesables de parte de las farmacéuticas.

Pero el mundo lleva más de un año en la sintonía del sospechosismo al contagio y todo ha sido impactado, la forma de estar, el sentido de los tiempos y la forma de relacionarse. Es el boom de las redes sociales y de las plataformas de "streaming", del entretenimiento y de las interacciones humanas vía cibernética.

Los impactos de la pandemia son materiales y emocionales. Es hora de reconstruir el contacto humano y la confianza en el congénere. Con cautela si se quiere, pero ya. Al margen del discurso de la multiplicidad de cepas y las terceras dosis.

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