Pánico en el metro
octubre 18, 2021 | Fatima M.

Tres de Leila

Estoy sentada en el metro parisino en camino para visitar un museo. Mirando al paisaje reflexiono sobre todo lo que ha cambiando en apenas un año. Durante la pandemia, volví a casa de mi madre en París ya que usualmente vivía en Estocolmo y, en pocas palabras, me encontré regresando a casa sin nada de ganas de hacer esas maletas. En Estocolmo, mi única obligación era respirar.

Una buena amiga dijo que deberíamos ir a una exposición. Para que eso suceda, necesito tomar el transporte público. El viaje comienza con el tranvía, luego un metro y un autobús. Estoy aterrorizada, pero no quiero cancelar, así que aquí estoy. Olvidé el calor que hace dentro del tranvía público, estoy sudando cascadas debajo de mi mascarilla. Además, estoy literalmente compitiendo en los juegos olímpicos de evitar contacto visual a toda costa. Mi temperatura corporal se está acostumbrando al vagón. Hago un transborde lo que me hizo perder mi asiento. Pero por surte el siguiente tren tiene las ventanas abiertas que permiten una mejor circulación del aire. Lo logré, de hecho tomé todos los transportes públicos.

Mientras estaba sentada en el metro, comencé a recordar mis viajes cuando trabajaba en París. ¡Qué tortura! No puedo recordar todas las cosas malas que me sucedieron. Aunque en mi mente ronda aquella mañana justo después del ataque terrorista de París en noviembre de 2015. Todos estábamos muy nerviosos y asustados, el ejército estaba fuera de la estación y yo subía las escaleras para tomar el tren, de repente siento que alguien saca mi teléfono de mi bolsillo. Me doy la vuelta y le arrebato el teléfono de las manos a ese ladrón. El tipo se atrevió a pedirme que me calmara y que me callara.

En otra ocasión, cuando volvía a casa, una persona me siguió desde la estación de tren hasta la parada en la cual yo me bajo. Tenía tanto miedo que caminé en dirección opuesta a donde vivo para que no supiera mi dirección.

Por estas experiencias es que desconfío del transporte público de Paris además de que lo asocio con olores desagradables, agresores y retrasos infinitos. Las mujeres tenemos que aguantar mucho y estamos en estado de pánico hasta que estamos a salvo en casa. Lo curioso es que no tenía miedo del Covid, pero lo que me asusta son mis compañeros humanos - los hombres - y lo locos que se vuelven en ese entorno.

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