Las razones del sufrimiento
septiembre 15, 2021 |

Acaban de cumplirse 50 años de la caída del sistema monetario de Bretton Woods, sistema que durante casi tres décadas fue la base de la estabilidad y el progreso de la post guerra. El que Estados Unidos con Nixon como presidente hiciera a un lado el oro como referente del valor de las monedas marcó el inicio del largo oscurantismo medieval.

Las consecuencias han sido gravísimas. Primero, una concentración obscena de la riqueza, luego el aumento exponencial de la pobreza mundial. Se pergeñaron e instrumentaron golpes militares en Latinoamérica, África y Asia para imponer un orden definido por los intereses de los grandes capitales financieros. Se les impusieron reformas para desaparecer todo principio de Estado regulador como garante del reparto de la riqueza. Que las sabias fuerzas del mercado lo definieran todo.

El resultado fue un crecimiento geométrico de la pobreza y la injusticia. Primero por razones económicas pero en seguida por razones de violencia. Violencia económica y física, sea por guerras intestinas o por invasiones extranjera.

Nixon abandonó unilateralmente los acuerdos monetarios derivados de la Segunda Guerra Mundial el 15 de agosto de 1971. Seis días después, se cometió un golpe de Estado en Bolivia contra Juan José Torres González, militar progresista que ocupó provisionalmente la presidencia de Bolivia en 1970 y que contaba con el apoyo de un amplio movimiento popular y una parte del ejército. Luego Chile, en 1973. El enemigo del sistema financiero eran los Estados de bienestar. El contexto, la Guerra Fría.

Lo que sucedió en el planeta después de esa decisión unilateral ha sido una tragedia de proporciones mayúsculas. La crisis de migrantes expulsados de Centroamérica, África y Medio Oriente es monumental y no tendrá remedio mientras no cambien las políticas económicas y sean orientadas a la generación de bienes y servicios y su reparto equitativo en las sociedades. Esto es, crear empleos remunerados, salarios justos que permitan el consumo de esos bienes y servicios.

La decisión de Nixon fue la causa del mayor incumplimiento de toda la historia económica mundial. El sistema financiero hoy en día se basa únicamente en la creencia de que las deudas sobre las que se asienta algún día serán igualadas. Todo depende de la fe en el emisor, porque se desvanecen las restricciones técnicas a la cantidad de moneda que se puede crear. Es una situación extraordinariamente frágil, un sistema basado en la fe de que las deudas serán pagadas, pero las deudas se incorporan como mercancía al sistema.

Es este sistema, esta racionalidad, la que tiene al planeta en la crisis sistémica en la que se encuentra. La crisis sanitaria está asociada a esto.

Es por eso que tiene sentido la aproximación económica del gobierno federal, la riqueza se produce por trabajo, salarios y producción de bienes y servicios reales. No por especulaciones financieras.

La crisis humanitaria global, entre otras cosas por las migraciones, obedece a la racionalidad monetarista del sistema financiero. Si Estados Unidos quiere parar la migración hacia ellos, lo que deben hacer en invertir en fuentes de empleo y en la pacificación de las violencias regionales del planeta. No hay otra forma de hacerlo.

La caridad sirve para un carajo.

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