De la crisis global, las que importan son las personales
septiembre 11, 2021 |

En los últimos años del sexenio pasado aumentó la tasa de suicidios en el país. No se necesita ir muy lejos para entender que en muy buena medida obedeció a las condiciones hostiles que naturalmente ocasiona la racionalidad neoliberal al privatizar ad nauseam los beneficios de la generación social de riqueza y democratizar, también ad nauseam, los costos de las decisiones públicas. Pero justo ayer, Día Internacional de la Prevención del Suicidio, el presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, Salvador Guerrero Chiprés, dio a conocer que el año pasado, primer año de pandemia, la tasa de suicidios aumentó significativamente. Tanto como para poner a disposición de los gobernados un servicio telefónico público para atender y, eventualmente, contener, a quienes pasan por una crisis que les hace atractivo el suicidio.

Que la velocidad del suicidio se haya incrementado es consecuencia del impacto de la pandemia de covid-19, dijo Guerrero Ciprés. Es un hecho incontrovertible que la amenaza de caer enfermo de una enfermedad que tiene tasas importantes de letalidad causa tensión en la población. Si a eso se suma que las medidas acordadas en la comunidad internacional en materia de distanciamiento social, el encierro, el aumento en la violencia intrafamiliar y la brutal paralización económica, es claro que las condiciones para la vida y para la convivencia se han deteriorado. Es fácil suponer que muchos connacionales la están pasando mal, entre la seriedad de las dificultades económicas y condiciones hostiles para la convivencia y las relaciones socialmente afectivas las cosas se dificultan significativamente.

Parte significativa de la población recela de las vacunas. El gobierno de Estados Unidos ante el fenómeno incluso ofrece dinero para incentivar la vacunación, al parecer sin éxito. Hace un par de días el presidente Biden aludió molesto al asunto. La pandemia vino a caerle al planeta no por mala suerte, ni necesariamente por una intención aviesa de algún interés poderoso. La pandemia y los males que le siguen son la consecuencia de un modelo de explotación económica y generación de riqueza completamente irracional que es, además, imposible cambiar con la suficiente celeridad como para atemperar los daños ya causados.

Vendrán tiempos complicados. Su inminencia reclama a los individuos del planeta cambiar rápidamente de lógica. No se trata de triunfar y ser individualmente competitivos en un sistema que fagocita como Júpiter a sus hijos. Se trata de reconstruir el tejido social desgarrado sobre la base de una lógica distinta y propia. Rescatar y ejercer los valores colaborativos, rescatar la identidad nacional y la historia del país. Cambiar incluso la narrativa de la formación nacional. Somos un país de mestizos no por la amalgama de dos culturas, sino por el sojuzgamiento violento de una sobre otra. Habrá que empezar por ahí.

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