Impunidad, exponenciación del agravio y el dolor
agosto 02, 2021 |

Recién se cumplieron seis años de aquel infame 31 de julio de 2015 en que fue asesinado Rubén Espinosa, fotoperiodista de la revista Proceso. El estado era gobernado por Javier Duarte de Ochoa. Veracruz se debatía entre la violencia provocada por una guerra pantalla desatada por Felipe Calderón y una corrupción pantagruélica continuada desde Miguel Alemán Velasco. 18 años de envilecida decadencia. Eran tiempos inciertos; tanto por lo mencionado como por la volatilidad de temperamento de un gobernador emocionalmente frágil.

Rubén Espinosa era un observador cáustico. Así lo testimonia su trabajo. Entre otras cosas, la fotografía de perfil del entonces gobernador Duarte con una gorra de la Secretaría de Seguridad Publica donde se exhibe la obesidad mórbida del funcionario. Devastador testimonio visual de un perfil de gobierno. Se dice que la lapidaria fotografía fue el detonador que provocó la orden de ejecución del periodista. Desde luego es posible. Pero ese es el problema, que luego de seis años no se sabe con precisión. En la administración de Javier Duarte fueron asesinados 17 periodistas. La primera, Regina Martínez, también corresponsal de la revista Proceso y de quien se dice estaría por publicar una investigación periodística sobre los eventuales vínculos entre políticos y el narcotráfico. Ni el asesinato de Regina ni el de Rubén ni el de ningún otro periodista ultimado en ese gobierno han sido aclarados. La justicia, pues, sigue siendo letra muerta y esto es algo que pesa incómodamente sobre el actual gobierno. La sentencia por nueve años de prisión al ex gobernador veracruzano es por delitos de otra naturaleza, no por los crímenes contra periodistas y luchadores sociales durante su administración.

Algo que no debe diluirse de la memoria colectiva y mucho menos eximir a los gobiernos que lo sucedieron. Es claro que la administración de Miguel Ángel Yunes no tuvo interés en resolver los agravios. No es algo que pasara por su consideración. Sea por indiferencia, arrogancia, o franca complicidad. Pero la presente administración estatal sí la tiene y, además, la ha hecho explicita. La sociedad sigue a la espera del resultado.

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