La razón de la consulta
agosto 01, 2021 |

Durante las últimas semanas el periódico La Jornada ha publicado un cintillo en la parte inferior de la primera plana que reza lo siguiente: ¡A votar! Los gobiernos neoliberales del pasado reciente instauraron en México un régimen de corrupción, autoritarismo, antidemocracia, impunidad y violencia contra la población. Se han presentado aquí unos pocos ejemplos. De la consulta del próximo domingo depende que haya esclarecimiento y justicia para los más graves de esos delitos, para que ningún mandatario vuelva a incurrir en ello nunca más. Este primero de agosto participa en la consulta popular.

La Comisión de Quejas y Denuncias del INE recibió el jueves pasado una solicitud de medida cautelar presentada por el diputado PAN, Federico Döring, en contra de las publicaciones hechas los días 23, 24, 25, 26 y 27 del mes pasado, relacionadas con inserciones alusivas a tal ejercicio de democracia directa, lo que, según el diputado, contraviene la normatividad al implicar "un posible uso de recursos públicos" para buscar incidir en el resultado de dicha consulta, por lo que solicitó que como medida se ordene a los denunciados dejen de realizar tales publicaciones. Difícilmente la decisión del INE influirá mayormente en la decisión de los que decidan participar o no en la consulta, pero confirma la clara animadversión de los consejeros Córdova y Murayama para con el ejercicio. Parte de la sociedad lo condena con el argumento de que polariza a la sociedad. No es así, la sociedad esta polarizada desde hace décadas, desde que se abandonó el modelo keynesiano del Estado benefactor que compensa las desigualdades, por el modelo neoliberal que privilegia el interés privado y la concentración de la riqueza. Es un proceso que empezó en 1982 y que en los 90 entró en una espiral descendente que puso en serio peligro la capacidad nacional para ejercer su independencia y libertades. El actual modelo del gobierno mexicano es la antítesis de la lógica del impuesto por décadas y, para bien, empieza a extender su influencia en el resto del subcontinente. Es claro que se afectan intereses que durante mucho tiempo expoliaron al país de muchas formas. Son esos intereses los que se polarizan y, salvo que cambien, no habrá forma de que dejen de hacerlo. Es normal.

Hay, sin embargo, una parte de la sociedad civil que sinceramente se opone a la consulta porque le parece demagógica y una pérdida de tiempo. También es normal. Así pasa en las sociedades plurales. Hay, sin embargo, razones para pensar que una mayor parte de la población está de acuerdo en que los ex presidentes rindan cuentas de sus decisiones por los impactos y consecuencias lesivas que tuvieron por mucho tiempo en la calidad de vida y bienestar de los gobernados.

¿Es sustantivo enjuiciar a los ex presidentes? No, no lo es. La transformación el modelo y las prioridades seguirá con o sin consulta. Pero sí es muy importante el ejercicio por su atributo cívico reivindicativo. La ciudadanía que participa directamente del proceso de toma de decisiones en una materia esencial: la naturaleza justa del Estado mexicano. Es la condena a un modelo de Estado criminal bañado en sangre y anclado en la corrupción integral que llevó al país a una guerra interna que estuvo a punto de quebrarlo. Los responsables que lo operaron e instauraron tienen nombre y apellido y deben explicar sus costosas decisiones. Es una forma de asegurar que jamás vuelva a imponerse en el país un modelo de Estado que priorice el interés de unos pocos privados sobre el interés de muchos.

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