Truene, llueva o relampaguee
julio 29, 2021 |

El Presidente y el gobernador del estado han avisado que a finales de agosto se reinician las clases presenciales en las escuelas del país. No serán pocas las críticas que se dirijan contra él por aquellos que por la pandemia piensan que es prematuro. Pero es imperativo.

No es la primera vez que este gobierno enfrenta una adversidad catastrófica con una lógica distinta. Fuera del esquema de suma cero del miedo. Pasó en la crisis del precio del petróleo de hace un par de años, cuando los precios se precipitaron y se pidió abatir la oferta. México no podía cumplir y el gobierno de Trump salió al quite bajando adicionalmente a su oferta el equivalente de la cuota mexicana. El gobierno mantuvo la estabilidad y la economía siguió funcionando. Ralentizada dramáticamente, pero funcionando. Lo que significa que los ingresos siguen fluyendo. Para los que están en condiciones de debilidad adicional, esto es: los ancianos, los discapacitados, las madres solas hay dinero para ellos. Una suerte de pensión por parte del Estado para atemperar estos tiempos de severa adversidad.

Los costos sociales, emocionales, psicológicos, además de los económicos, son inconmensurables. Pero se acabó. Basta de seguir pagando esa cuota de depresión. Ya se vacunaron los docentes y los niños son niños, no es humano ni responsable mantenerlos por más tiempo en el distanciamiento social. Piedad, los costos de la asocialización –alfa privativa– serán altísimos. Falta por ver cuánto.

Cómo vamos a enfrentar la adversidad será decisión personal pero hay dos lógicas al parecer excluyentes: pro continuar con el distanciamiento y los que argumentan lo contrario.

Nada que hacer, son decisiones personales y cualquiera de las dos es perfectamente válida.

En los gobiernos federal y del estado opinan que ha sido suficiente. Será controversial pero es irrelevante. No es sano permanecer en la lógica del miedo. Habrá quienes condenen la decisión y crucifiquen a los tomadores de decisiones. Es perfectamente válido. No estarán obligados a llevar o enviar a sus hijos. Se vale. Pero los costos de eso para salud emocional y psicológica de los niños serán muy altos. Lo mismo sucede con la violencia intrafamiliar. Muy probablemente se haya disparado con el encierro. Es muy fuerte.

Es tiempo, por salud, de aproximarse a lógicas distintas a las del neoliberalismo. Que siempre ha apelado al miedo como argumento disuasivo. Desde el golpe de Estado en Chile, en 1973. Ése fue el debut del neoliberalismo. Y así vinimos dando tumbos hasta Calderón, en el caso mexicano. Nuestro pequeño Pinochet, pero letal. Más letal.

Es tiempo de pensar distinto. Por sanidad.

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