Elisa dice
julio 08, 2021 |

Hace menos de un año, en octubre pasado en plena pandemia, este espacio editorial fue dedicado al plebiscito en Chile para hacer una nueva constitución. Se hizo a contrapelo del gobierno de Sebastián Piñera que todos los días mandaba a los pacos, a los carabineros, a reprimir las reuniones contenidos por hombres y mujeres organizados en una línea de contención física a una fuerza invasiva hostil. Se votó abrumadoramente a favor de la formación de una asamblea constituyente en una de las acciones colectivas más sublimes de la historia del continente. Sin partidos políticos, sin organizaciones, que serán referenciales en la historia política del mundo. Sin partidos, o con los partidos subordinados a la democracia directa en la plaza pública. Democracia directa en plena pandemia en un estado con la impronta de la dictadura.

Pasaron los meses, se votó y para presidir el constituyente se eligió a una mujer. Una mujer mapuche. Con toda la carga centenaria de agravios de una colonización hispana con impronta inglesa.

Las palabras de la presidenta mapuche conmueven; harto esperanzadoras por incluyentes, por horizontales, por sanadoras. Ya en aquel editorial de octubre se había notado la impronta femenina en las protestas chilenas de 2020, las mujeres desempeñaron un papel determinante en la tribuna, en la línea de contención y en la logística. Tiene sentido que se eligiera a Elisa Loncón para presidir. Chile se lo merece. Fue el primer país en donde el neoliberalismo se impuso a sangre y fuego, el paraíso de los Chicago boys. Dos años antes se habían deshecho los acuerdos de Bretton Woods que anclaba el valor de cambio de las monedas en el oro. A México llegó cuando una generación de tecnócratas formados en universidades norteamericanas se dio a gobernar. Han sido casi cuatro décadas de oscuridad. Con todo, gobiernos y movimientos anti neoliberales empiezan a marcar la agenda en el continente. México, con una gobierno que reconstruye el Estado de bienestar; en Chile, la refundación la preside una mujer que dice: "esta Convención que hoy día me toca presidir, transformará a Chile en un Chile plurinacional, en un Chile intercultural, en un Chile que no atente contra los derechos de las mujeres, los derechos de las cuidadoras, en un Chile que cuide a la Madre Tierra, en un Chile que limpie las aguas, en un Chile libre de toda dominación. Un saludo especial a los lamngen mapuche del Wallmapu, éste es un sueño de nuestros antepasados, este sueño hoy se hace realidad".

Colombia, donde un puñado colegialas que protestan por el aumento de las tarifas al transporte desata que el resto de los estudiantes, todos, se volcaran a las calles exigiendo educación pública gratuita y con mayor acceso, mejores empleos, un Estado y una sociedad más solidarios. Que se abandonara el neoliberalismo, pues. La pandemia apagó la movilización en 2020. El presidente Duque descansó pero no hizo mayores concesiones. El virus hundió en la tragedia a los más vulnerables. La pobreza se aceleró hasta alcanzar al 42.5% de los 50 millones de habitantes. Al menos una década perdida de lucha contra la pobreza; un tercio de los jóvenes entre 14 y 28 años no trabaja ni estudia. En medio de todo, Duque sube los impuestos; estupidez neoliberal a secas. Estallaron las protestas. Se retiró el proyecto legislativo pero reprimió y la represión unificó al pueblo; y a diferencia de Chile, donde las protestas condujeron a una reforma constitucional, o de Ecuador, donde ya hubo elecciones, Colombia no ha tenido una salida, salvo las protestas.

En Bolivia, luego de acusar a Evo Morales de fraude electoral, se restablece el orden constitucional con un sucesor que comparte el proyecto, Andrónico Rodríguez, también cocalero, como Evo. En el atípico año que ha pasado, el Ministro de Economía y Finanzas Públicas de Bolivia destacó la recuperación de los sectores económicos de la minería, construcción, hidrocarburos, la industria manufacturera, el incremento de las exportaciones y la disminución de la tasa de desempleo. En el 2020 la economía boliviana encajó los impactos de la pandemia pero se prevé una recuperación pronta con uno de los mejores crecimientos de la región, poco más del 5 por ciento. Todo fuera de las lógicas del neoliberalismo.

México, Bolivia, Ecuador, Colombia. Cada proceso es distinto, con intensidades y profundides desiguales, pero en una lógica común: es posible contruir un mundo distinto fuera de la lógica del capitalismo savaje.

La pandemia –ésta de tantísimas versiones que ha sido no pocas veces pretexto de decisiones autoritaras de democracias europeas– no fue capaz de evitar la acción colectiva en tantos países. Eso demuestra que es posible construir sistemas de convivencia distintos, basados en las relaciones colaborativas y la empatía. No en el individualismo y la competencia. La constante en esos cambios necesarios en proceso es impronta de las mujeres, la empatía.

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