Discusión parroquiana y autonomía universitaria
julio 02, 2021 | Emilio Oziel Espronceda Hernández

La autonomía universitaria resurge para algunos académicos y académicas como argumento en el debate de legitimidad para postularse a la rectoría de la Universidad Veracruzana. La utilización del concepto de autonomía en el contexto de la sucesión revela –a través de quienes escriben textos en medios locales de corte periodístico y algunos exhortos– un claro parroquianismo cuando expresan quién puede y qué virtudes debe poseer la o el elegido para asumir el encargo de la rectoría; y al mismo tiempo, perfilan lo que no debe ser. Si es académico, si es mujer, si es investigador, si es SNI, si es externo, si es político, si es veracruzano, si es universitario, si es moreno, si es... Y se exhibe en redacciones el doble discurso de celebrar al de casa que sale a conquistar espacios, experiencia y merece derechos a donde vaya, pero se desprecia al que llega o regresa, resaltando la endogamia de grupos de poder, más allá de la discusión sobre diagnósticos y proyectos.

Paradójicamente estos textos, siempre en nombre de la autonomía, exigen "evitar presiones", haciendo eso que desean prevenir. Curiosamente también expresan cierta simpatía de propuestas de candidatos favoritos, con la intención de construir una narrativa de las bondades de los candidatos "internos" y por tanto "legítimos".

Quienes predican la autonomía universitaria tienen como propósito la presión a los miembros de la Junta de Gobierno a partir de este pobre argumento. ¿Los integrantes de la Junta desconocen la naturaleza de su función? ¿No gozan los miembros de la Junta, paradójicamente internos y externos, de esa autonomía? ¿O el blanco de estos escritos se dirige hacia quién se debe desechar, criticar, restarle importancia como candidato y, en general, señalar de manera negativa todo lo que especulan pueda representar?

También es patente que con la autonomía se intenta blanquear el término "académico". Primero de su independencia del poder político: cualquier relación con ese coto de poder se convierte en sospechosa. Estos buscan imponer la idea de que la existencia de la Universidad se debe a ella misma, nadie puede entrometerse en sus asuntos, no se deben a nadie. Se da por sentado que ellos sí conocen a la UV, sus problemas, sus necesidades y lo que le conviene. Quienes ahora apelan a la autonomía universitaria y al mismo tiempo esparcen su parroquianismo hacia la Junta de Gobierno y la ciudadanía, son quienes están cómodos con la interpretación teórica y dogmática del concepto de Autonomía Universitaria y de Universidad.

En el imaginario social quienes utilizan el argumento de la autonomía intentan convencer al lector de que la academia está exenta de estas luchas y contradicciones, que es ajena a intereses de poder y privilegios, que la autonomía vacuna y previene contra eso que critican. Que los puestos del funcionariado no se heredan ni se reparten entre cuatachos, parejas o familiares. Utilizan eufemismos como "me gusta mucho la propuesta de…".

En Veracruz, algunos académicos probaron sin mucho éxito la administración pública al sumarse a la estructura municipal y estatal con Hipólito Rodríguez y Cuitláhuac García; otros permanecen. Pero se pudo constatar el desconocimiento que existe por parte de la academia acerca de la complejidad de la gestión pública y del ámbito político; saturado de relaciones de poder y de contradicciones y complejidades con sindicatos, con partidos políticos, con empresarios, con OSCs, con trabajadores y con la población en general. El error visible es abandonar la función primordial de la academia: la crítica. Los que permanecen buscan en estos momentos perpetuar sus puestos o brincar a otras dependencias y el propósito es seguir en "el ajo". Esta mala experiencia para muchos se ha traducido en un resentimiento hacia el gobierno en turno. De ahí que el pretexto sea evitar la llegada de candidatos identificados como políticos o externos.

Los autores de estos textos utilizan en mayor o menor medida, abierta o maquilladamente, que la autonomía debe impedir la candidatura de José Roberto Ruiz Saldaña, xalapeño egresado de dos licenciaturas de la Universidad Veracruzana. Y aunque la noticia a nivel nacional y en el resto de regiones UV de la aspiración de este candidato ha sido neutral o bien recibida, sucede lo contrario con el parroquianismo que caracteriza a los grupos de poder en la Universidad y a sus corifeos "paladines de la democracia" de la prensa local xalapeña. Para ello apelan a la retórica de: el candidato es externo, político y posiblemente un espía del "comunista" de palacio nacional. Esto último es lo único que falta por mencionar, aunque de cualquier cosa imaginable se le viene tachando.

¿Por qué Ruiz Saldaña resulta tan amenazante a estos grupos endógenos? La descalificación por ser consejero del INE, supuestamente externo, o vinculado a la 4T, y la denuncia de acoso de 2015 marcada por contradicciones verificables, es lo que prevalece en la propaganda parroquiana morbosa, basada en creencias y no en un proceso jurídico concluido y consultable. El señalamiento de grupos que exigen a la Junta de Gobierno rechazar la postulación de quien ha sido acusado de acoso y hostigamiento sexual, siendo acusaciones carentes de elementos probatorios, y resultado de jugadas políticas señaladas en su momento, se omiten en sus argumentos, dejando en claro que para estos grupos existen criterios de selección a partir de interpretaciones caprichosas, evadiendo lo jurídico y el propio marco legal universitario para su participación.

Parte de esta campaña de señalamientos es por el miedo que tienen del capital político que representa, del que al parecer carecen los demás aspirantes. Su trayectoria como consejero en el INE, en altos niveles de la gestión y la autonomía institucional, le ha permitido acercamientos con actores políticos a nivel federal y estatal. Tiene relaciones con secretarios de estado y con un sinnúmero de personajes de diversos ámbitos. Si el capital político les causa escozor es porque esos grupos de académicos y académicas saben perfectamente que la gestión política es uno de tantos elementos presentes antes y ahora, les convenga o no.

Pero el tema del parroquianismo es mucho más profundo de lo que se pueda observar en los cenáculos académicos xalapeños. Últimamente se ha repetido que la UV es la mejor universidad del sur sureste. ¿Cómo es posible que la mejor universidad del sur sureste pueda mantener un abismo entre la cantidad de los miembros del SNI de la región Xalapa comparados con la cantidad de las otras regiones? De calidad ni hablemos. ¿Acaso es intencional generar esta desigualdad estructural para mantener cotos de poder entre los mismos grupos?

En la numeralia oficial de la UV, con datos al mes de marzo del 2021, se registran 514 investigadores e investigadoras que pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores. Y según información de la Dirección General de Investigaciones que reporta su numeralia por regiones, había 522. Es decir que ocho de ellos y ellas salieron del SNI. Retomamos la cifra que consignan los datos oficiales porcentuales, es decir, los 522, distribuidos de la siguiente manera: Xalapa 73.18 por ciento (382), Veracruz 14.94 por ciento (78), Córdoba-Orizaba 4.78 por ciento (25), Poza Riza-Tuxpan 4.4 por ciento (23), Coatzacoalcos-Minatitlán 2.68 por ciento (14).

El 2.68 por ciento del sur del estado es el resultado de la gestión de la actual rectora en estos ocho años. ¿Es una cifra bastante loable para la mejor universidad del sur sureste en ocho años?, ¿qué apoyos, concursos de oposición, atracción de los mejores perfiles se ha logrado? Por otra parte, si se pretende la vinculación con la sociedad, ¿cuáles son las razones para no impulsar, por ejemplo, tan pocos observatorios con carácter social fuera de Xalapa y ningún observatorio en la región Coatza-Mina?

Las cifras se observan así: Xalapa 15, Veracruz dos, Córdoba-Orizaba uno, Poza Riza-Tuxpan dos, Coatzacoalcos-Minatitlán cero.

Sin embargo, en la página de la vicerrectoría sureña aparece el encabezado "Región Coatzacoalcos-Minatitlán vivió una transformación: vicerrector". Es increíble que se hable de la mejor universidad del sur sureste con una desigualdad estructural de estas magnitudes. Solo por mencionar uno de tantos ejemplos.

Utilizar el tema de la autonomía universitaria para presionar y chantajear a la Junta de Gobierno en la sucesión rectoral, resulta por demás lucrativo y patológico para estos grupos, preocupados por mantener centralizada y monopolizada la administración universitaria, aunque solo se vean a sí mismos, evitando abordar la autonomía desde la desigualdad, siendo ajena a sus intereses.

Los clanes enquistados y el periodismo a la vieja usanza, ven amenazados posibles intereses ante la pérdida del sueño rectoral. Sin embargo, en la próxima elección la comunidad universitaria de todas las regiones, podría acceder al rectorado necesario, con base en los criterios y mecanismos establecidos por ley, y que la propia Junta de Gobierno podrá valorar a partir de diagnósticos, proyectos, auscultación y demás mecanismos ya establecidos.

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