¿Cómo salir a flote?
junio 07, 2021 | Juan Carlos Ortiz Romero

Por amor al arte

Meridio llamó a Bonifacio, mirándose a los ojos pensaron que Dios y su gobierno los había abandonado.

Bonifacio había perdido su empleo desde la pandemia y pues Meridio nunca había experimentado eso que se llamaba trabajar.

Ambos hombres entre los 40 a los 50 años, con esposas y cinco hijos cada uno, ya no sabían ni por donde salir a flote.

A escasos 150 metros de sus chozas se encontraba el basurero municipal y decidieron ir a ver que encontraban.

Sin tanto buscar Meridio pateo un libro que no le dio importancia, ya que no aprendió a leer; Bonifacio lo levantó y al ver el título ¨Ganar dinero, guía del emprendedor", se dispuso a sentarse en el cascaron de una lavadora y leerlo.

Tal fue su emoción que se le olvido que no había comido, se le olvido su familia y se olvido de Meridio.

Se llevó el libro a su casa y después de leerlo dos veces, Bonifacio se sintió otro, llamo a reunión a su gente, y sentándolos en latas de manteca y bolsas de ropa, realizó su primera junta empresarial.

Sin titubeo empezó a explicar que pondrían un negocio sin dinero, que el objetivo es empezar algo orgánico, que no requiriera inversión, y que esa junta era para decidir en vender servicios o productos.

Sinforosa su esposa, lo miraba asombrada, ese de ahí era su marido, y se sentía orgullosa, mientras le quitaba la lagañas a sus hijos, miraba de reojo a su comadre Leidy Britanny, esposa de Meridio, porque ahora ya no se veían tan iguales.

Bonifacio consideró implementar en su barrio el servicio denominado: "Lleva y trae Don Bonifaccio" dedicado a llevar paquetes, donde Sinforosa sería la administradora, Leidy Britanny la secretaria, Meridio el transportador y bueno, Don Bonifaccio el dueño e imagen de su empresa.

Todo estaba listo, en una cartulina se hizo el anunció con un sinfín de faltas de ortografía, pero con toda la actitud.

Don Bonifaccio sabía que debía analizar su competencia donde Uber eats y los servicios de motos y taxis no serían fáciles de vencer.

Su secreto, sería el precio, cobraría dos pesos por cada diez cuadras.

Después de unos días llegó el primer cliente: Doña Cleo necesitaba enviar una comida que nunca llegó a su hija que se encontraba a 23 cuadras de distancia, Meridio en la quinta cuadra se comió el envío, y Bonifacio después de regañar a Meridio tuvo que regresar el dinero y comprometerse a pagar la comida no entregada.

Sentado en la banqueta Bonifacio no se rendiría, y pensó que tenía que pensar en grande, apostar el todo por el todo y decidió rentar a Meridio como chambelan.

Aunque con los dientes chuecos, sin estar peinado y con los pantalones rotos, tendría que hacerle una inversión que no estaba presupuestada.

En un momento de lucidez, Bonifacio encontró el camino, todo estaba claro, trabajar con dinero de los demás y ser respetado por robar, mentir y engañar, pues no se diga más; se dedicarían a ser políticos.

Hagamos juntos una verdadera transformación.

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