Montón
junio 07, 2021 |

En fechas recientes este espacio editorial ha hecho objeto de atención la curiosa coincidencia entre los representantes del régimen neoliberal para socavar al gobierno. No solo la habitual campaña en medios de comunicación formales en contra de la llamada Cuarta Transformación, sino la de las instituciones diseñadas en el modelo de Estado anterior para favorecer a los candidatos afines a la concepción neoliberal. Eso por un lado.

Por otro, el franco diferendo –casi encaramiento– del INE con el gobierno federal al grado de mencionar su eventual arresto por sus desacatos a la autoridad electoral, además de cancelar candidaturas con argumentos absurdos. Hay razones sobradas para suponerlo parcial. En estas elecciones, el órgano electoral no ha sido árbitro sino protagonista y casi contendiente. Cosas de la corrupción y la desesperación.

Pero hay razones para el optimismo. Parece haber una coincidencia generalizada en que el país ha recuperado su dignidad. Hay varios signos al respecto, desde la petición diplomática para que la USAID deje de financiar a la ONG de Claudio X. González por ser un actor en la competencia electoral, hasta el reconocimiento a la visión mexicana para invertir en Centroamérica para crear trabajo y terminar con la necesidad de migrar.

Si el país ha quedado desencajado luego de las décadas de neoliberalismo, lo mismo ha pasado con el mundo. Tal es el caso de un personaje como José Luis Almagro en la secretaría general de la OEA, quien con extraordinaria mala entraña deseó para México que ya no se le caigan los puentes, en clara alusión a la tragedia de la línea 12 del metro de la CDMX. Bajeza con la que reaccionó a los señalamientos puntuales hechos por Ebrard respecto de su condición de peor secretario en la historia del organismo regional. Que no es asunto menor si nos atenemos a la historia de sumisión de la OEA a Estados Unidos con los casos de Cuba, El Salvador, Guatemala, Chile, Argentina.

No es poca cosa celebrar las elecciones más grandes de la historia del país en medio de una pandemia y recesión económica, con el régimen de complicidades completo echado a andar para hacerse de la mayoría legislativa y con la violencia criminal focalizada durante meses sobre los aspirantes a alcaldías. Esto es en medio de una disputa brutal entre poderes criminales fraccionados por el territorio nacional. Gobernabilidad, le llaman a eso.

Falta por ver la la reacción del viejo régimen a las realidades.

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