Aclarémonos
mayo 02, 2021 | María José García Oramas

Hay hombres que son delincuentes porque cometen actos fuera de la ley que atentan contra los derechos humanos de otras personas. Y muchos de estos delincuentes varoniles atacan sistemáticamente a las mujeres y, como todos los delincuentes, actúan bajo un modus operandi recurrente.

Tenemos el caso de Bill Cosby, Harvey Weinstein, Andrés Roemer, entre muchos otros. El problema en estos casos es cómo acceder a la impartición de justicia, dado que las víctimas no los demandan porque son personas muy influyentes y con mucho poder, o los demandan cuando los delitos ya han prescrito, o incluso los demandan pero carecen de pruebas suficientes.

Esto sucede también entre profesores universitarios y alumnas, entre jefes y empleadas, sobre todo cuando las relaciones entre ambos son jerarquizadas y asimétricas.

Las juristas han avanzado mucho en estos procesos y un parteaguas fue sin duda el caso de Weinstein porque la abogada defensora logró que el jurado escuchara el testimonio de varias mujeres víctimas de este hombre, aun cuando únicamente 3 de ellas podían acreditar el delito. Con esto, la litigante consiguió mostrarle al jurado que existía un modus operandi en el actuar del acusado. También logró que una especialista en psicología explicara las razones que llevan a las víctimas a esperar tantos años para atreverse a denunciar.

Weinstein y Cosby están en la cárcel, ninguno de ellos ha admitido su delito. Cosby incluso se presenta a sí mismo como preso político y aduce que si bien es cierto que drogaba a las mujeres a quienes citaba en restaurantes, el hecho de haber acudido a la cita con él, le aseguraba que daban su consentimiento para hacer con ellas lo que quisiera. Roemer sigue acosando mujeres, nada más que ahora lo hace en Israel, de la misma forma que desde hace años lo hacía en México.

Llevar a quien se lo merece a la cárcel mediante un juicio justo y avanzar en la comprensión del tema del consentimiento sigue siendo una asignatura pendiente para comprender este tipo de casos.

Otro tipo de delincuentes varones son aquellos que violentan a sus parejas y ejercen un poder de dominación sobre ellas con base en el terror, el aislamiento y el control absoluto.

En estos casos, la relación establecida entre abusador y víctima es compleja y aunque sin duda está sustentada en la violencia de género, es decir, en un orden social patriarcal y de dominación masculina, el acceso a la justicia requerirá seguir por otros cauces.

Lo primero es asegurar la integridad de las víctimas, lograr que puedan denunciar y evitar a toda costa que la situación termine, como desafortunadamente ocurre en muchos casos, en un feminicidio.

La pandemia nos ha permitido reconocer la magnitud de estos casos y la necesidad de brindar apoyo oportuno a las víctimas.

En situaciones de estrés, aislamiento social y crisis económica, las mujeres siguen siendo uno de los grupos más vulnerables ante la incapacidad de los varones de manejar sus emociones, la angustia, los celos, la incertidumbre y la fragilidad. Sin duda los actos delictivos que cometen responden a situaciones puntuales, pero nada de eso los exime del castigo correspondiente y de la cero tolerancia de la sociedad en su conjunto frente a la brutalidad con que tratan a sus víctimas.

El problema es complejo y no se resolverá con una visión unilateral y simplista sobre las causas que originan la violencia sistemática contra las mujeres, la prevalencia e incluso su incremento en las condiciones de pandemia vigentes.

Finalmente, hay hombres que siguen pautas de comportamiento normalizadas que no les parecen agresivas porque en otros tiempos no eran mal vistas. Hechos como levantar faldas, dar nalgadas, enseñar penes, tocar senos, son considerados como actos "divertidos y consensuados", "tocamientos involuntarios", "malos momentos" que no deberían exagerarse y mucho menos poner en entredicho la integridad de quienes los cometen.

Lo que es de destacar, es que en ninguno de estos casos hay una aceptación por parte de estos hombres sobre los actos de violencia que ejercen sobre las mujeres.

Afortunadamente, también hay hombres que han aceptado que han de reflexionar y renunciar a una masculinidad hegemónica que les otorga muchos privilegios y que es la base sobre la cual se ha ejercido la violencia estructural contra las mujeres, prácticamente en todo el mundo y sin importar la condición social a la que pertenecen.

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