Enrique González Rojo
marzo 10, 2021 | Lorenzo León Diez

◗ La muerte de un poeta: vida de la palabra

Enrique González Rojo Arthur tuvo una vida maravillosa (1928- 2001). Casi un siglo estuvo en este planeta un hombre creativo, alegre, interesado por todo y por todos, alerta, concentrado, siempre pensando en profundidad, sintiendo en la entraña la infinita palabra.

El poeta es eslabón de un linaje histórico, nieto e hijo de dos poetas que dejaron una obra trascendente, Enrique González Martínez y Enrique González Rojo; padre de un prístino violinista, (Enrique González Phillips), un guitarrista virtuoso (Guillermo), una hija que es heredera de guardar y difundir su legado por ser profesora (Graciela) como lo fue González Rojo en su actividad docente incansable.

La historia cultural y política de México está señalada por personajes como González Rojo, hombres que integraron en su conducta una ética humanista que tuvo una raíz de aspiraciones utópicas y violencias inauditas.

En México las vivencias de los hombres y mujeres de esa generación tienen sus huellas en historias como las que escribió José Revueltas, el líder espiritual y simbólico que siempre fue un marginal político, un personaje dostoyevskiano en la más pura tradición, pues Revueltas unía en su ser las dos fuerzas: la asunción de principios espirituales cuasi monásticos y la fiereza de los guerreros que fundaron el comunismo ruso.

Enrique González Rojo se consideró siempre un "revueltiano". No es para menos. Este escritor encarnaba el México profundo en confrontación con el mundo moderno que fundó la Internacional Comunista. Hegel, en el Apando.

Por eso hablar de González Rojo es un poco hablar de Revueltas, pues sin el arrojo suicida de éste, que bajó carnalmente a los sótanos que fundan un imaginario de gran carácter, rodeado de muros de agua, la actividad vital de González Rojo no cejó un centímetro de la doctrina que su maestro profesó: la liberación de los trabajadores, los oprimidos, explotados y expoliados de México y el mundo a través de la revolución socialista.

Siendo como fue EGR un caudal de escritura poligenérica, escritura en una variedad de niveles que van del poético en verso y prosa al filosófico y político en artículos teóricos y de coyuntura, su obra espera el talento de toda una generación, o más, de exégetas.

La edición completa de sus textos poéticos es una tarea que debía asumir el Fondo de Cultura Económica, pues si no es ahorita, con Paco Ignacio Taibo II, compañero de luchas de Enrique…¿Cuándo?

¿Por qué Paz sí y González Rojo no? He ahí toda una cuestión que se debate en nuestra cultura libresca mexicana.

La obra poética de González Rojo es una aventura asumida hasta el fondo, un trabajo escritural que se propuso como un programa político. En eso la mente y la sensibilidad de EGR tiene una rara identidad. Es un esfuerzo maquínico, como un puntaje estratégico, el que acomete el poeta para descifrar el infinito.

El formó parte de una propuesta estética que incluyó a su entonces amigo Eduardo Lizalde y que se llamó poeticismo. Lizalde posteriormente desdeñó sus principios, hubo, digamos, una escisión, y EGR siguió construyendo una poética basada en la evolución de la metáfora, como si la visión con que la poesía percibe el mundo, se asumiera independiente al poeta y creciera sola, como planta, invadiéndolo todo. Así que todo lo que nombra el poeta se convierte en metáfora, que sigue su desarrollo al infinito.

Y son muchísimos poemas en un número vasto de libros, donde hay cuentos, aforismos, juegos, hasta llegar al novelema, que fue un género que inventó al final de su vida y que pronto publicará el FCE.

Su obra teórica también requiere una atención concentrada, pues EGR fue un teórico marxista de la vieja guardia. Acuérdense que estamos hablando de una tradición de organizadores y teóricos de la estirpe de los Marxs, los Engels, los Lenin, los Trotsky, los Luxemburgos, los Gramscis, los Bujarín, los Maos, los Chés... Hombres y mujeres que asumían sus vidas como individualidades militantes, entidades relacionadas con las masas, pensadores que esperaban que sus palabras no solamente interpretaran sino transformaran el mundo.

Y esta pasión, esta disciplina para aprehender el método materialista y dialéctico en razón de una toma radical de partido, lo que se llama la praxis teórica revolucionaria, es el fuego que está al interior de la escritura analítica de EGR, y su creatividad es notable cuando construye el concepto de clase intelectual en coherencia con el sistema marxista.

Momento triste, la muerte de EGR, pero asombroso porque vemos un punto final a un libro enorme que está pendiente ser leído por todos, dado que Enrique cifró en las palabras la permanencia de su vida entre nosotros.

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