La política actual en México
marzo 07, 2021 | Lenin Torres Antonio

*A propósito de suscribir un pacto por una democracia verdadera y transitar hacia un régimen político decente y eficiente

La calidad de la democracia se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, o quizás nunca ha tenido la suficiente calidad por la incapacidad de atajar las pulsiones narcisistas, egoístas e individualistas del propio hombre, que se deslizan en sentido contrario a la esencia de la democracia que es el sentido comunitario de pertenencia, la democracia entraña incorporar la diferencia sin anularla, pero esta diferencia no puede poner en peligro a la misma democracia, que implica pluralidad en orden, diversidad en la unidad, individuación en la totalidad, al final de cuentas, si educar tiene que ver con un acto comunitario que debe impulsar el desarrollo de los individuos en sociedad e incidir en un crecimiento público, estamos ante la era del fracaso de la democracia como el estadio más ordenador de la vida en sociedad, y por ende, del acto educativo para aprender a vivir en sociedad y fortalecer el lazo social.

Es innegable que la discusión sobre la democracia real es un asunto que debe entrar en un debate permanente tanto conceptual como práctico, al igual que el papel que han venido desempeñado los poderes mediáticos en la democracia. Si bien podríamos pensar que estos debates son temas exclusivos de la arenga intelectual, y que le corresponde a los académicos e intelectuales hacerlos, esto no es así, ya que la democracia no es un estación de término sino de permanente movimiento de la vida del hombre en sociedad, por lo que no se puede pensar que solo es una discusión académica sino también de comportamiento, actividad familiar, acciones cotidianas, cultura, en fin, de todo lo que implique formas de actuar y organizar la vida pública, de construir los espacios públicos para el diálogo y el debate; es decir, paralelo al debate académico hay que ir acotando y haciendo a un lado todo lo que va en sentido contrario a la democracia.

México vive una transición democrática que llanamente significa el tránsito de un régimen de simulación democrático hacia otro de auténtica democracia, un momento histórico que se le ha denominado la Cuarta Transformación de México, y tiene que ver que antecedieron tres momentos de inflexión en la historia de México, la Independencia, la Reforma y la Revolución, los tres grandes movimientos sociales ocurridos en México que hicieron transitar a México, de "forma violenta", de un estadio de cosas a otro totalmente diferente: la Independencia, de la servidumbre a la península Ibérica a la autonomía, y el intento de construcción de un Estado propiamente mexicano; la Reforma, que establece la secularidad de las instituciones públicas y el gobierno, es decir, la separación entre el Estado y la Iglesia, y el fin de la dictadura de Santa Anna; y la Revolución, un movimiento violento que pone fin a la dictadura de Porfirio Díaz e instaura un "sistema democrático", este último movimiento se degeneró y terminó por instaurar una especie de "dictadura perfecta" del sistema presidencialista mexicano.

Desafortunadamente parece que esa transición adolece de memoria histórica, en el sentido que los hechos históricos, por muy evidentes que parecieran, en ocasiones se olvida de que si se analizan podríamos darnos cuenta de que México no vivía en una verdadera democracia, donde el poder público respondiera a los intereses de las mayorías y del bien común, sino todo lo contrario, servía la democracia para legitimar un régimen de corrupción y de beneplácito a los interese privados del poder fáctico. Hay pues en esa transición o hito histórico una lucha permanente entre los poderes fácticos que quieren volver al pasado status quo y los que asumen la postura de construir un estadio político democrático verdadero y las condiciones institucionales, conceptuales y culturales de un verdadero comportamiento social democrático.

El escenario estrambótico actual nos deja desafortunadamente ver lo lejos que estamos de un auténtico debate democrático y una praxis que nos encamine hacia una auténtica democracia, escenario que representa un petición de principio, puesto que se necesita una democracia verdadera para llegar a establecer una democracia verdadera, por eso digo que el debate no tan solo es intelectual y académico, sino también práctico, por lo que debe correr paralelo al debate académico e intelectual sobre la democracia, la praxis que debe apuntar a la reordenación de las conductas, formas y denuncias de elementos que se infiltran pareciendo un fortalecimiento democrático, y que no son más que formas encubiertas para infiltrarse en el juego del poder público, contraviniendo el auténtico debate democrático.

Como lo estoy señalando, el escenario político en México a partir de la pérdida del poder público de la vieja y degenerada clase política, y la llegada al poder público de Andrés Manuel López Obrador, a finales del año 2020, se divide abiertamente en dos frentes, por un lado, un bloque opositor new oligárquico, representado por una alianza de los dos otrora grandes partidos políticos PRI y PAN, se suma a ésta alianza opositora un partido remanente de la corriente democrática que vivió el PRI en los años 80, el PRD, antes de esa alianza sui generis, paradójicamente el PAN y el PRI eran los grandes enemigos políticos, competían y se revelaban el poder público en los últimos 30 años. Podemos decir que esa alianza confirma lo que ha venido diciendo y señalando el presidente Obrador que son la misma cosa, que representan una misma naturaleza perniciosa e incapaces de asumir su mea culpa en la crisis pública que vive México, asimismo, se suma a esa alianza opositora gran parte del poder mediático encolerizado por la pérdida de los privilegios y del presupuesto que recibían del pasado régimen, y por último, podemos percatarnos que esa alianza es promovida abiertamente y auspiciada por los poderes fácticos del poder económico, quienes siempre utilizaron a la política y a los políticos, particularmente a esa clase política en franca degeneración para mantener sus riquezas e incrementarse, por eso vemos cómo México terminó siendo un país con esos pocos "hombres de negocios" que ostentan actualmente más del 50 por ciento del PIB, y una inmensa mayoría, distribuida en pobres y clase media incipiente, revelando con esto la nula justicia social y la repartición democrática de las riquezas en la historia reciente del México posrevolucionario.

El otro frente es el que encabeza el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, pese a formar parte de esa corriente democrática al interior del PRI fue consolidando y representando la alternativa del hartazgo del pueblo mexicano al anterior régimen, apoyándolo para un triunfo abrumador en las elecciones presidenciales de 2018, viene a ser entonces Andrés Manuel López Obrador quien representa la esperanza de consolidar esa transición democrática, y quien libra una cruenta lucha contra el bloque opositor, quienes desafortunadamente aun no entienden que el único escenario válido para la lucha política es aceptar la transición democrática y la perspectiva de construir un nuevo régimen democrático, transparente y eficiente para enfrentar la grave crisis pública que vive México.

La posición de AMLO, muchas veces incomprendida y a veces ignorada y poco aprovechada, incluso por el mismo bloque opositor new oligárquico, tiene que ver con la coherencia democrática y con su responsabilidad de consolidar esa transición democrática y restituir la funcionalidad perdida del Estado y sus instituciones por la cultura política de la simulación que practicaba el antiguo régimen, y digo desaprovechada, porque el papel de AMLO no puede ir más allá de conducir a México hacia ese nuevo régimen democrático verdadero y no para perpetuarse en el poder, como lo intenta hacer ver el bloque opositor new oligárquico; asimismo, tiene que ver con revertir la pirámide poder presidencialista, por lo que tal coherencia democrática le impide ser juez y parte, por eso es un grave error del bloque opositor actuar electoralmente, y no sumarse a consolidar la transición democrática necesaria si se quiere enfrentar y resolver los graves problemas que laceran la vida en sociedad de los mexicanos y las mexicanas, y darle viabilidad a México como una nación autónoma y autosuficiente.

El bloque opositor new oligárquico (vieja clase política, PAN-PRI-PRD, poder mediático y poder económico) no pueden continuar actuando "como si no hubiera pasado nada", y pensar y seguir usando la fallida estrategia política, y subestimar a los mexicanos con el discurso acusador de que los males de México son por creación espontánea, y que estos dos años resumen la historia de México, esto ni le sirve ni le servirá como estrategia al bloque opositor, al contrario, ha servido para verlos sin argumentos y sin proyecto de país alterno.

Un bloque opositor que no ha entendido que aceptar la transición democrática es un terreno imprescindible no tan solo para construir una democracia verdadera y un Estado de Derecho y una cultura democrática, sino también para legitimar la competencia electoral dónde presentar proyectos alternativos de país y de hombre, y competir legítimamente por el poder público, comprendiendo que la democracia es el debate de las ideas y no el insolvente marketing político que hizo de la política una transacción mercantilista, y no el arte de buen gobernar para la comunidad y el bien común, el mercado no corre paralelo a la política como se ha intentado establecer, al contrario, la política debe determinar al mercado, que es donde realmente se distribuyen las riquezas de un país.

La necesaria aceptación del lugar común (la transición democrática) para el debate y la contienda electoral pueden tener su fracaso a priori, y espero equivocarme, porque sería abrirle el camino a exacerbar la polarización política, y sin exageración, estar en la antesala de la violencia como instrumento para el cambio social y político:

Uno, porque no existen actores políticos opositores reales, sino representantes políticos del poder económico.

Dos, porque vivimos una severa crisis del sistema de partidos políticos en México, particularmente el otrora bipartidismo PAN y PRI fueron utilizados por mucho tiempo solo en las contiendas electorales por el poder económico para mantener el status quo, reflejando un insano contubernio entre el poder económico y la clase política, situación que causó el deterioro de esos partidos políticos, y, por ende, del sistema de partidos políticos.

Una manera de probar ese mal uso que hizo el poder fáctico de los partidos políticos PRI-PAN fue cómo al principio del nuevo régimen obradorista, al ver que no podían usar lo que quedaba del desprestigiado bipartidismo PRI-PAN, el poder económico no dudó en hacer uso de figuras de organización social, como las Asociaciones Civiles, y montaron por un tiempo un ominoso y patético frente opositor anti-AMLO, con el nombre de Frenaa, e intentaron desbancar al actual de gobierno con marchas insípidas y plantones fifís en plena pandemia sanitaria del coronavirus, para posteriormente abandonar tal proyecto y a sus esbirros, e impulsar otras figuras supuestamente sociales para continuar haciendo la guerra sucia contra AMLO, hasta terminar hoy día con la desnaturalizada alianza opositora PRI-PAN-PRD para volver a competir electoralmente este año 2021 por el poder público, y volver a utilizar a los partidos políticos como instrumentos para auparse de nuevo cerca de las arcas públicas y los jugosos negocios.

Tres, también podremos sumar a esto cómo, lamentablemente, los que dirigen esos partidos políticos PAN-PRI-PRD se niegan a transitar hacia la democracia y mucho menos a aceptar la responsabilidad histórica en el deterioro de sus mismos partidos políticos, y principalmente, de la crisis pública que vive actualmente México.

Aunque las cortinas de humo y el poder mediático e intelectual corrompido traten de hacer ver todo lo contrario, la regeneración del poder político está de lado del bloque opositor oligárquico, ya sea para bien o para mal; está en sus manos para bien, si se incorporan a la transición democrático, y esto no implica desaparecer o fundirse, sino presentar y competir con un proyecto de país alterno y dejar la guerra sucia que no se han dado cuenta que no es contra AMLO sino contra México, son ellos quienes por más de 30 años tuvieron el poder, incluso gozaron de tiempos donde no había pandemia ni crisis económica, particularmente, el período de Vicente Fox, donde los precios del petróleo se dispararon y hubo con qué cambiar el destino de México, además que encabezó, desafortunada, una frustrada transición democrática; y para mal, porque su irresponsabilidad de luchar por el poder por el poder puede llevar a México a una situación peligrosa y sin retorno, impidiendo hacer una 4T pacífica y no violenta.

Siempre he pensado que la crisis pública que vive México tiene que ver con una desviación histórica de los fines de la Revolución mexicana, y que se dio durante las últimas tres décadas o quizás un poco más, y que no todo el pasado fue ominoso, y que no todos los personajes de la historia posrevolucionaria fueron pillos y corruptos.

Pese al asesinato de Francisco I. Madero, se fueron construyendo los pilares del Estado moderno, incluso, el PRI vivió períodos importantes de debates ideológicos y transformaciones políticas, aunque no fueron suficientes para asumir un espíritu democrático, basta con recordar los inicios de la liga de comunidades agrarias y sindicatos campesinos con todo su discurso de izquierda, y posteriormente, la demanda de inclusión y de democracia de la "corriente democrática", y me refiero al PRI porque es el partido político que tuvo esa responsabilidad histórica de poder construir un mejor México, que se dibujó con los ideales de justicia social de la Revolución mexicana, y se desdibujó por la praxis perniciosa con el arribo de los tecnócratas encabezados por el innombrable e impune Carlos Salinas de Gortari, que embebecidos por la luces de la globalización y el sueño americano, prefirieron el dólar a la igualdad y la democracia para el bien común de los mexicanos.

Hago un paréntesis en esta disertación, para referirse a los colados y los profesionales (chambistas) de la política que se montaron exclusivamente para luchar por un espacio de poder a la caída del régimen anterior, y como las ratas al hundirse el barco salen de sus madrigueras y se lanzan al agua para salvarse, situación que cuestiona también la calidad de la democracia en México.

La caída del bipartidismos que gobernó México en las últimas tres décadas trajo como consecuencia que miles de "profesionales de la política" se quedaran sin trabajo (chamba), y esto provocó que viéramos la constitución de un sinnúmero de partidos políticos variopintos, como empresas para generarlos empleo, tanto nacionales como locales, todos con una característica, sin un ideario político que los distinga y los diferencie, todos construidos por escisiones personales del PRI y del PAN, así podemos ver que en el afán de parecer originales se apropian de nombres, leyendas, etcétera.

Por ejemplo, en varios estados han surgido émulos del movimiento político de izquierdas nacido en España en las protestas del 15 de mayo de 2011, también llamado "movimiento de los indignados", que posteriormente se convirtió en un partido político de izquierda, hoy llamado Podemos, que gobierna en coalición con el PSOE España; y muy a la mexicana, se han apropiado del nombre pero sin el mínimo conocimiento ni el manejo de las tesis que surgieron en ese movimiento social en España. Así, vemos a esos partidos políticos organizarse estructuralmente y pensar que solo es cuestión de cumplir con los requisitos de registro que exige el INE, con declaraciones de principios todas iguales, sin la más mínima convicción ideológica, y sí con el fin de arribar "al pinche poder", así han surgido a nivel nacional Redes Sociales Progresistas (RSP) y Fuerza por México (FM), y en Veracruz, Todos por Veracruz; Partido Cardenista, Unidad Ciudadana, y el referido partido Podemos.

Les invito hacer un simple ejercicio para ejemplificar lo que estoy diciendo, cuando los busquen para pedirles el voto o que se afilien, háganles una simple preguntan, ¿qué los distingue de las demás opciones políticas?, y seguro van a comprobar su falta de coherencia, definición, repeticiones de análisis pobres y comunes, y a la postre van a percatarse que no saben ni qué están defendiendo, y que no tienen la más mínima idea de cómo resolver los graves problemas de los ciudadanos, van a encontrar poses, retahílas de frases inconexas y retóricas pobres voluntaristas.

La situación de la política no luce ni fácil ni halagüeña, y sí peligrosa y mortal:

Si no retomamos los cauces democráticos y de civilidad.

Si no se acepta el contexto necesario de un debate conceptual y praxis de la democracia.

Si no se acota el terrible y peligroso papel del poder mediático, y que asuman el fundamental e ineludible papel en la construcción de una democracia verdadera en México.

Si no se acepta la transición de la democracia entre propios y extraños, y me refiero, a los aspirantes a relevar prematuramente a AMLO, al bloque opositor PRI-PAN-PRD, al poder mediático, al poder económico, al poder religioso, en fin, a todos los principales actores de la vida social de México.

Si no hacemos entender al poder fáctico (económico) que su praxis en defensa de sus intereses personales puede llevar a México a una situación muy peligrosa para la convivencia pacífica entre los mexicanos, y que mejor le conviene un Estado democrático auténtico donde la libre competencia económica sea limpia y transparente, y no dependa del contubernio con el poder político como ha sucedido.

Si no hacemos que el bloque opositor asuma la democratización de sus partidos políticos, el relevo generacional y la sana distancia con el poder económico.

Si no se entiende y se acepta el papel de responsable de esta transición democrática que representa nuestro Presidente de la República.

Escribí en el antepenúltimo texto que publiqué: "O una 4ª T pacífica o una 4ª T violenta", que México tiene dos caminos para consolidar la Cuarta Transformación: un camino es dejar que la fuerza y la violencia sean las que determinen el cambio político, moral y público que todos queremos para resolver los graves problemas que atentan contra nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra subsistencia, y el otro camino, es consolidar la 4T de forma pacífica y democrática, que significa un gobierno del pueblo y para el pueblo, donde la política sirva para hacer buenos gobiernos que sirvan a la gente, y que rescaten la certeza de futuro de nuestros jóvenes que perdieron por la crisis pública y por la degeneración de la política.

México está ante la posibilidad de regenerar la política y hacer un cambio social y público sin violencia y pacífico, y apostar a que sea la misma política el instrumento público que nos dé la posibilidad de un cambio sin dolor. Pero también hay que tener cuidado, porque el México bronco puede resurgir por la avaricia, la ambición de la clase política que se niega a perder sus privilegios y el poder, y continuar usando la política como un instrumento para intereses privados, esa clase política sin escrúpulos que no ha dudado en utilizar todos los medios posibles para hacer fracasar la 4ª T, aun poniendo en peligro la convivencia social y la seguridad de los mexicanos.

Es el momento de suscribir un Pacto Moral y de Civilidad no tan solo entre los gobiernos de los estados sino también con los empresarios, el clero, y los principales actores públicos, para garantizar una competencia electoral democrática limpia y transparente este 6 de junio de 2021, donde se van a elegir 15 gubernaturas y más de 21 mil puestos de elección popular, y que sean elegidos los mejores hombres y las mejores mujeres, las mejores propuestas para salir de la crisis pública que hoy vivimos, y podamos transitar hacia un nuevo régimen en la pluralidad y la democracia.

De una vez por todas debemos entender que quien gane no podrá evadir esa transición hacia la democracia verdadera, la regulación del poder mediático y la sana distancia con el poder económico, si se quiere construir un México mejor, en paz y felicidad, y aprender de la historia.

¡Apostemos por continuar haciendo un 4T pacífica, en civilidad y con democracia!

¡No tenemos otra oportunidad!

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