8 de marzo 2021: la fuerza de los colectivos feministas
febrero 28, 2021 | María José García Oramas

Llega nuevamente el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas, y aunque pareciera que nada ha cambiado en México dado que los feminicidios y la violencia contra las mujeres siguen a la orden del día, en medio de una pandemia que ya ha causado enormes estragos a la economía afectando mayormente a las mujeres, el movimiento feminista se consolida en nuestro país fortalecido por el impulso de las nuevas generaciones de chicas jóvenes, quienes están moviendo olas que fluyen a contracorriente de un aparato gubernamental estático, viejo, de ideas añejas, anquilosado y falto de miras con respecto a la situación y problemática de las mujeres de nuestro país.

En las universidades, en los grupos de amigas, en las organizaciones civiles, las chicas se organizan en colectivos diversos que generan estrategias de acción novedosas, alternativas, contestatarias y que incluyen una alta dosis de creatividad a través del arte, de la discusión de textos, del intercambio de ideas. Espacios de reflexión que se traducen en propuestas de acción que convocan masivamente a las mujeres desde la sororidad, es decir, teniendo como base y sustento el apoyo solidario entre sí mismas. Y es que ellas ya se han dado cuenta que no necesitan al Instituto de las Mujeres, ni a la ONU, ni a los gobiernos para transformar el mundo, al fin y al cabo son jóvenes y representan la mitad de la población mundial.

Mediante un feminismo bien informado, bien organizado a nivel de células entre amigas y de "socias en la vida" como las denominara Marcela Lagarde, las chicas han comprendido que se tienen unas a otras y que su fuerza radica precisamente en ese vínculo entre mujeres al que los hombres no pueden acceder, porque es un espacio que es solo de ellas y para ellas. La fuerza que ha generado este vínculo en los colectivos donde esas chicas conversan, cuentan sus experiencias e intercambian sus puntos de vista recuerda a los grupos de "elevación de la conciencia" (consciousness raising) que surgieron espontáneamente en Estados Unidos en los años 60, cuando las amas de casa comenzaron a reunirse con sus vecinas, sus compañeras de clase, de grupos civiles y religiosos, y a partir de ahí generaron un movimiento que se tradujo en la segunda ola feminista relativa a la liberación y emancipación femenina. Fueron imparables, como lo son ahora estos colectivos.

Este 8 de marzo, sin duda, se colocarán al centro del escenario nacional porque en el encierro no han dejado de movilizarse y organizarse ganando batallas que hasta hace poco parecieran imposibles: han paralizado escuelas, facultades, organismos de derechos humanos, candidaturas políticas, hospitales y todo tipo de instituciones, provocando que sus responsables respondan a sus legítimas demandas. Sus voces y sus pintas suenan demasiado alto desafiando a políticos corruptos, a famosos que son violadores, a maltratadores e incluso al propio Presidente de la República, mediante una campaña que parece nunca logró comprender: #presidenterompaelpacto.

Más vale verlas, oírlas y apoyarlas porque son el germen de una nueva generación que transformará nuestro país. Porque es tiempo de las mujeres y merecen un futuro mejor. Porque el pacto acabará por romperse tal y como lo cantan a coro en sus marchas: "el patriarcado se va a caer, se va a caer" y sí, ya va cayendo, se desmorona, se hace pedazos frente a la fuerza colectiva de estas nuevas generaciones de mujeres en marcha.

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