Más de un año. Farmacéuticas.
febrero 26, 2021 |

Hemos cumplido los humanos un año de una situación extraordinaria que tiene incómodos ángulos oscuros. Por recomendación de la OMS los gobiernos del mundo y con ellos la humanidad toda decidió separarse y aislarse. Quédate en casa, stay home, reste à la maison, dice la frase conminatoria en todos los idiomas. La economía del mundo se paralizó, los impactos de eso son y serán brutales. Para muchos serán devastadores. Países y personas aún no salen del pasmo, asistimos todos a un estado alterado en donde la cotidianidad transita entre los extremos: la ensoñación y la angustia.

Una pandemia que, en principio, presenta una letalidad mucho menor que cualquiera otra pandemia anterior que haya sufrido la humanidad. La viruela, por ejemplo. Incluso mucho menor que las más comunes enfermedades crónicas: las cardiopatías, por ejemplo, que causan anualmente 9.4 millones de muertes; o el infarto que cobra 5.7 millones de fallecimientos; o las enfermedades pulmonares obstructivas (3 millones); las infecciones de las vías respiratorias (2.9 millones) o el Alzheimer y otras demencias (1.9 millones).

Con todo, los tomadores de decisiones del planeta pararon en seco una febril economía mundial, que también corría por sí sola hacia el colapso. Ralentizaron a las grandes industrias y cerraron los pequeños negocios. Eso ha significado, además de la pérdida de empleos, la quiebra de millones. Las consecuencias amenazan ser terribles. Mucho más si nos empecinamos en seguir aceptando las lógicas del neoliberalismo.

Hace más de un año que estamos en esto y aún no hay un estudio estadístico del número de muertes asociadas a enfermedades crónicas como obesidad e hipertensión; o cuáles eran las condiciones de salud previas de los recuperados. EEUU es el país con más fallecidos por covid-19, también el país con más problemas de obesidad mórbida y con más hipertensos. En México somos los segundos, el 75.2 de la población nacional padece algún grado de obesidad. Esto es más de la mitad de la población. Igual pasa con los hipertensos.

Dicho de otro modo. Estamos estúpidamente fragilizados. Eso es muy grave y tiene responsables: los seis gobiernos anteriores. No es un problema ideológico, ahí están los hechos. Desde simular hospitales, hasta sustituir tratamientos oncológicos con agua.

Un año definido por los sobresaltos de la incertidumbre. La emergencia sanitaria por una enfermedad desconocida sorprendió al mundo con la necesidad de controlarla porque se expandía con rapidez. Un medicamento o una vacuna. Esto representó un desafío para la industria farmacéutica y los laboratorios biotecnológicos.

Y una enorme oportunidad de negocio, también. Es difícil, peregrino incluso, pensar en que el apremio por una cura cause alguna angustia empática en los CEO de la industria farmacéutica.

La enfermedad les trajo un impulso brutal. 15 laboratorios generaron en la Bolsa de Nueva York cientos de miles de millones de dólares de valor de mercado. AstraZeneca y Moderna, destacadamente.

Muy al principio la pandemia trajo consigo compras de pánico, cambios en los patrones de consumo hacia medicamentos, vitaminas, antibacteriales, beneficiando a las empresas del Sector Salud y permitiendo que sus acciones estén estables y que sea uno de los sectores más sólidos del índice Standard & Poor’s 500. Novavax, Moderna, y otras empresas del Sector Salud también han sido beneficiadas. De la alemana BioNTech y Jonhson & Jonhson, sus acciones en Wall Street han subido 88, 40 y 103 por ciento.

AstraZeneca subió 19.18 por ciento en la bolsa de Londres.

Los contratos que los países han firmado para comprar vacunas contra el virus desde que las empresas empezaron a anunciar sus proyectos sin saber si tendrían o no eficacia han sido la principal fuente de ingresos para esta industria. Los datos son públicos. Pararon la recalentada economía del mundo. Las consecuencias amenazan ser terribles si nos empecinamos en seguir aceptando las lógicas del neoliberalismo.

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