Vacunación, logro de todos
febrero 18, 2021 |

Con la inoculación de 30 mil adultos mayores en 70 centros instalados en las alcaldías Milpa Alta, Cuajimalpa y Magdalena Contreras, de la Ciudad de México, el lunes arrancó el programa nacional de aplicación masiva de las vacunas contra el covid-19. Se trata de un avance incipiente de cara al colosal desafío de inmunizar a 126 millones de mexicanos, pero supone un gran logro si se consideran todas las dificultades y obstáculos que han debido salvarse para poner en marcha esta campaña sanitaria sin precedente.

En primer lugar, la vacunación supone un esfuerzo que se remonta meses atrás para conseguir los biológicos en todas las instancias posibles, ya fuera con farmacéuticas privadas, gobiernos nacionales que impulsaron sus propios desarrollos o por medio de organismos internacionales, como es el caso del Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (Covax). Al firmar acuerdos con todos estos actores, México pudo asegurarse compromisos de suministro de 234 millones de dosis de distintas vacunas, pero entre la contratación de los fármacos y su entrega se interponen escollos tanto técnicos –por ejemplo, la falta de capacidad instalada a nivel mundial para la fabricación de cientos de millones de dosis en un plazo de meses– como políticos, entre los que se cuentan actos egoístas de países que han prohibido o retrasado la exportación de los biológicos producidos en sus territorios. En México, el envasado de vacunas a partir de las materias primas adquiridas mediante acuerdos con laboratorios como AstraZeneca o CanSino se ha visto retrasado por el estado de desmantelamiento en el que se encontraba Birmex, la empresa pública dedicada a biológicos, que pasó de ser un fabricante líder del rubro a un mero distribuidor.

También debe mencionarse el esfuerzo de mantener informada a la población por encima de los insistentes empeños de sembrar confusión y desinformación, de descalificar al conjunto o a algunas de las inmunizaciones adquiridas, y difundir bulos tan descabellados como el supuesto vínculo entre las vacunas y el autismo, así como el esfuerzo de proveer herramientas informáticas para el registro de los adultos mayores que desean acceder a una dosis. Debe destacarse la labor del equipo médico, de enfermería, el personal de apoyo –incluidos los denominados Servidores de la Nación–, los cuerpos policiales, la Guardia Nacional y los miembros de la Secretaría de la Defensa Nacional, quienes se movilizaron para hacer posible esta operación inédita.

Las largas filas que debieron hacer los adultos mayores y sus familiares, los retrasos en la apertura de los centros de vacunación y otras fallas durante las jornadas transcurridas mostraron que es necesario afinar la logística y subsanar varios problemas de organización. En especial, debe evitarse que las personas de la tercera edad pasen horas a la intemperie, además de mejorar los mecanismos de información antes, durante y después de las inmunizaciones.

Pero está claro que ninguno de los contratiempos referidos u otros que se han presentado descalifican la gesta nacional de adquirir, certificar, mantener en condiciones óptimas, distribuir y aplicar las vacunas, en la cual la población ha sido protagonista al informarse acerca del proceso y acudir a los centros de manera ordenada y con espíritu cívico. Sería en todo punto mezquino soslayar la conjunción de voluntades formada para superar la emergencia sanitaria más grave que hayan enfrentado las generaciones vivas y como sociedad cabe felicitarse por lo logrado hasta aquí y hacer votos por el éxito en la lucha contra el coronavirus.

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