Hegemonía en crisis y odio visceral a AMLO
enero 26, 2021 |

Tal vez se deba a que se instituyeron becas para darle un recurso inicial a jóvenes desclasados y expulsados del mercado por su falta de preparación académica o inclusive su aspecto, utilizando el "dinero de todos" para alcahuetear a gente que no quiere estudiar ni trabajar. O quizá a que el dinero público dejó de entregarse a "empresarios y gente de bien" para apoyar a campesinos y cientos de miles de personas de la tercera edad empobrecida exponencialmente. En definitiva, piensan que esos recursos no debieran dilapidarse de esa manera y aplicarse en "generar empleos y fortalecer la planta productiva", en vez de crear inmerecidas ilusiones populistas de progreso, pues quienes "deben" recibir ese apoyo gubernamental son los que producen y trabajan, no aquellos que solo extienden la mano para que el gobierno les dé todo sin hacer ningún esfuerzo. Estamos hablando de clasemedieros deslumbrados por la parafernalia televisiva y radiofónica, ubicados tantito arriba del umbral de la pobreza, pero sobre todo se debe pensar en quienes expulsados del paraíso del trapicheo, del chayoteo y los negocios bajo el agua, y con el amparo y complicidades, consiguieron amasar pequeñas e ilusorias fortunas que dependían de que el estado de las cosas no cambiara y que la estabilidad gubernamental –y de sus negocios y bolsillos– se sostuviera bajo las mismas reglas establecidas por los gobiernos panistas y priístas. Tampoco y primordialmente hay que perder de vista a dueños y jilgueros de todos tamaños e influencia de los medios de comunicación, que con la llegada del gobierno lopezobradorista vieron esfumarse un modus vivendi que a muchos mal acostumbró al dinero fácil y expedito, a cambio de pintar de colores el oscuro panorama que se cebó en el país durante los últimos sexenios, o simplemente, hacerse de lado e ignorar el estado de las cosas.

El asunto es que lo anterior puede servir para tratar de entender el profundo, irracional y clasista odio que despertó la visión política y económica de la administración de López Obrador entre un, hasta hace poco, afortunado segmento de la población. Aquella falsa construcción del progreso y la modernidad que solo benefició a unos pocos y contribuyó a una hiperconcentración del dinero en medio del saqueo del país, desenmascarada por el desmontaje de dicha farsa que hace cada mañana el tabasqueño, resulta frustrante para muchísima gente que sin ser capitalistas defiende al capitalismo. Así pues, el odio irracional es la alternativa ante la frustración y la pérdida de privilegios.

Dicha situación es aún más visible en los jilgueros del régimen, apalancados en medios de comunicación favorecidos antaño con multimillonarios contratos de publicidad; de igual manera, dichos periodistas, conocidos cortesanos, recibían tajadas del reparto haciéndolos directamente corresponsables de ocultar y acallar el saqueo de la Nación. Son los festineros de que el Presidente se haya contagiado del covid-19. Ellos, los López Dóriga, los Loret, los Gómez Leyva y una manada de enclosetados personajes menores, capitalistas sin capital, sí son los directamente responsables de vender la hipócrita idea de que México es un país dividido por un Presidente, que por primera vez en muchísimos años coloca en el centro de su estrategia y propósito personal el bien común. Son operadores de un mecanismo de control de masas que busca destruir las ideas del lopezobradorismo para mantener una hegemonía que les arroja migajas; acaso ignorantes participan en un esfuerzo por recuperar intereses, privilegios y una visión económica y cultural que, con su voto, sepultó la sociedad mexicana hace dos años. Afanados, propagan el odio contra López Obrador, sin percatarse que su añorada hegemonía y legitimidad está en crisis.

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