Toma de posesión
enero 21, 2021 |

Consistente con el "mood" general del 2020, el 2021 nos regala con una transición de poderes estadounidense completamente atípica. Por un lado la nomenclatura del establishment en pleno atestiguando la unción del nuevo presidente demócrata que de inmediato se aboca a restablecer el lugar de Estados Unidos en el concierto mundial.

Cosa que habrá de agradecerse luego de las barbaridades cometidas por Trump, antineoliberal y en ese sentido antisistémico, sí, uno poco de la misma manera que lo fue Hitler en contra del orden impuesto a Alemania por los aliados, antisistémico pero para mal.

Una transición de poderes con la capital estadounidense tomada por fuerzas de seguridad, en plena pandemia, y esperando la aparición en cualquier momento de ordas trumpistas similares a las que tomaron el Capitolio. No pasó, pero hubo tensión.

El presidente saliente estuvo ausente de la ceremonia de transición de poderes.

Los Estados Unidos están realmente divididos. Se va Trump pero no el trumpismo. Eso hará que Biden tenga que atemperar su natural neoliberalismo con las realidades socio políticas de su país. El golpe dado a las economías de asalariados poco calificados, que son muchos, fue devastador las últimas décadas. Es precisamente eso lo que le da simpatías a Trump.

Biden tendrá que negociar para atemperar la polarización política y eso implica que México tiene el espacio hacer valer los intereses nacionales en las relaciones bilaterales. Dependerá de las habilidades del quienes participen en los intercambios, pero el desequilibrio estadounidense obligará a Biden a restablecer e tejido del sistema norteamericano. Tarea nada fácil si son nos atenemos a los números de las elecciones. Pero Biden tiene fama de mediador, de buen negociador.

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