El penoso INE
enero 18, 2021 |

Recientemente Ciro Murayama, insuflador de ideas del consejero presidente Lorenzo Córdova, dijo en el programa de Denisse Maerker que el INE no es un actor político que deba estar en la discordia política en el país.

Es justo lo que no hacen Murayama y Córdova cuando, uno embozado y el otro confrontacional, prohíben la transmisión completa de las mañaneras o por lo menos limitarlas y prohibir el uso de ciertas palabras.

El INE y antes el IFE se han comportado consistentemente como actores políticos durante todas las elecciones donde el hoy mandatario compitió por la Presidencia. Lo hizo en 2006 cuando la malversación del resultado fue tan grotesca que llevó a un plantón ciudadano en la CDMX que duró meses sobre el Paseo de la Reforma. Vándalos se les dijo y en meses no se rompió ni un solo vidrio. Después Calderón se referiría a su arribo a la Presidencia con un haiga sido como haiga sido. Finísima persona.

El ejercicio de comunicación gobernante-gobernados de las mañaneras no es nuevo. Es el estilo personal de López Obrador. Se instauraron como signo distintivo de su forma personal de gobernar desde que fue elegido como jefe de gobierno de la Ciudad de México.

Las mañaneras son un ejercicio de información sobre la tareas gubernamentales que aluza y transparenta los procesos de toma de decisiones, los expone. Son, junto con los youtubers el instrumento que compensa la acción concertada de los medios de información tradicionales, televisión y prensa escrita, empecinados en desvirtuar al gobierno federal. El ejercicio informa y marca la agenda de la discusión política nacional. En el sistema de complicidades lo saben de sobra y es justo por eso que sus dirigentes y testaferros están empecinados en cancelarlas o, en el peor de los casos, limitarlas.

Entran en juego dos factores de tensión de intereses excluyentes. El de los partidos políticos de oposición a los que las mañaneras exhiben sobre bases casi diarias por su imbricación con el sistema de complicidades que devastó al país, y el del derecho de los gobernados a ser informados sobre las decisiones de su gobierno.

El consejero presidente Lorenzo Córdova asume sin pudor el interés político del sistema de complicidades y se lía en un diferendo con el Presidente sobre lo que puede o no decir en las mañaneras. Intenta además limitar la libertad de expresión del gobernante. El conflicto escala y el mandatario asegura que en caso de que el Córdova Vianello insista en conculcar su derecho de expresión acudirá al Tribunal Electoral.

Las mañaneras son, primero, un ejercicio de información y rendición de cuentas. Su impacto político y en el ánimo de los electores es sustantivo. Córdova y Murayama lo saben y tienen la consigna de exorcizar el peligro que representa por su innegable impacto en el ánimo de los gobernados. Las baterías completas de los nostálgicos del neoliberalismo están enfocadas en esta batalla que se judicializará en el Trife.

Pretenden conculcar a millones de gobernados el derecho a ser informados directamente por su Presidente con el sofisma de que las mañaneras son propaganda y envían un cuestionario más digno de la Gestapo que de una institución mexicana: que el gobierno proporcione los nombres y direcciones de quienes en las mañaneras hacen preguntas favorables para el gobierno. Suponen que existe una relación contractual entre el gobierno y ciertos reporteros que asisten a las mañaneras para hacer cuestionamientos que permitan el lucimiento del gobierno. Piedad, primero el gobierno no tiene por qué tener esa información y si la tuviera no estaría autorizado a darla. Si los señores consejeros están interesados en eso que vayan y pregunten directamente a los periodistas por su dirección. Que ellos decidan qué reportero les irrita se acerquen y le pregunten. Ya será decisión del comunicador decidir si le contesta o no al INE para satisfacer sus reflejos instintos policiacos.

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