Cien fuegos, más uno
enero 16, 2021 |

Son de esperarse las reacciones reprobatorias que desde todos los puntos de vista ideológicos juzguen la decisión del gobierno mexicano de no establecer acción penal en contra del general Cienfuegos. Es una decisión completamente controversial por inesperada. Eso, porque se da por sentado que las acusaciones norteamericanas de la DEA en contra del general eran buenas, sólidas. De forma, se dice, ningún juez federal hubiera concedido la aprehensión. Especialmente tratándose de un perfil tan alto. Un general divisionario, ex secretario de la Defensa que colaboró necesariamente durante su función estrechamente con las comunidades de inteligencia y policiacas internacionales.

No hay forma de saber con precisión la cadena de acontecimientos y decisiones que llevaron a tal determinación. Especialmente por la forma de instrumentarla, sin aviso a las autoridades mexicanas. Dirán las autoridades norteamericanas que no confiaban en las mexicanas, y tendrán razón si nos atenemos al desempeño de los dos gobiernos de Calderón y Peña Nieto que hicieron de México un narcoestado.

La detención de Cienfuegos reclama salirse de las lógicas del pragmatismo ramplón de los juicios sumarios. Lo sucedido es muy importante por muchas razones, una de ellas es la línea que traza sobre la tierra el gobierno federal frente a los Estados Unidos: primero, eso no se hace así. Sin avisar a la contraparte con la que, además, se tiene una relación tan multidimensional y compleja, a escondidas.

Dos, es necesario saber con precisión qué es lo que la DEA sabe y no dijo al gobierno mexicano, porque las cosas sugieren que la liberación del general no obedeció tanto al peso como miembro de una institución con poder propio, fuero, como a la forma de instrumentar las cosas y a que, muy probablemente, los cargos y las pruebas no sean suficientemente contundentes como para aventarse un punto de confrontación con el establishment militar.

Precisamente por eso es que el Presidente ordenó hacer público el expediente que se le entregó al gobierno mexicano al respecto. Que los gobernados se enteren directamente de los cargos de los que se acusa al general Cienfuegos y valoren el peso de las pruebas. Así, sin secretos. Porque no debe ser nada fácil emprender una transformación tan radical que desmonte un sistema de complicidades que data de los años 80, cuando llega Miguel de la Madrid a la presidencia como imposición del FMI y el BM luego de la nacionalización de la banca, el sistema de pagos nacional. De entones para acá fueron los años del desmantelamiento de la industria nacional, del sistema de producción agropecuaria, se abandona las seguridad alimentaria a cambio de mercados internacionales.

En plena pandemia y en medio de la inflexión que implica la combinación pandemia-quebranto nacional y las consecuencias del apagón económico. En medio de la delicadísima tarea de mantener los equilibrios entre intereses de múltiples actores nacionales y mundiales se hará público el expediente que entregó el gobierno estadounidense para respaldar su detención. Habrá que verlo antes de condenar a priori al Presidente, por un lado. Ahora, lo sustantivo no son las reacciones norteamericana y mexicana, sino la absoluta desestructuración de los equilibrios con el Ejército. No es nada difícil imaginar a un grupo plural de divisionarios aplacerados frente al Presidente para plantar un ultimátum. Espíritu de cuerpo, le llaman. ¿Por eso se desestiman los cargos estadounidenses? Es posible, sí, pero es poco probable.

Es más probable que la información entregada por los estadounidenses no sea suficiente como para proceder de esa manera. Por eso se harán públicos.

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