La paja en el ojo ajeno
enero 12, 2021 |

Ahora que la jerarquía de la Iglesia católica veracruzana expresa cotidianamente su preocupación por temas sociales, la inseguridad y el manejo de la pandemia, recrimina a políticos su mal proceder y activamente toma parte en la contienda ideológica desde una posición conservadora que la aproxima al PAN y a otras expresiones políticas, bien pudiera quitarse la paja y de manera autocrítica reconocer las iniquidades sexuales cometidas por miembros de su élite sacerdotal.

Es cierto que si bien dentro de la comunidad sacerdotal hay muchos prelados honestos y congruentes con su vocación, también existen otros que socavan la autoridad eclesial por medio de conductas indecentes y ajenas al espíritu de redención que semanalmente propugnan desde el púlpito. En ciertos temas guardan ominoso y sospechoso silencio, como es el caso de la octogenaria historia de los Legionarios de Cristo, manchada una y otra vez por señalamientos de abuso sexual sin que ninguno de sus integrantes sea llamado a rendir cuentas ante la justicia humana. Tal es el caso del ex sacerdote Fernando Martínez, quien violentó a por lo menos ocho menores a principios de la década de los 90. Según Biani López, una de las víctimas de Martínez, el ex cura sigue en Roma recibiendo tratamiento psiquiátrico, pero sin que enfrente a la justicia civil, además de que a la fecha la agrupación religiosa no ha actuado en contra de los encubridores del agresor.

Valientemente, sin temor a exponer su desgracia frente al escrutinio público, le exigió a la congregación reconocer "su culpabilidad como institución, porque no es un problema solo de Fernando Martínez, es institucional, de encubrimiento y de cómo está engranado todo el sistema para que esto se siga perpetrando y protegiendo". Forzados luego de destaparse su historia oculta, los Legionarios de Cristo reconocieron en diciembre de 2019 que de 1941 a esa fecha tenían documentados 175 casos de menores de edad que habían sido víctimas de abusos sexuales cometidos por un total de 33 sacerdotes legionarios, y más de 60 infantes fueron afectados por el propio fundador Marcial Maciel. Es de suponerse que tales cifras no sean exactas pues se trata de un recuento hecho por ellos mismos, y dada la impunidad con la que suelen actuar es de suponerse que hayan maquillado las cifras para atenuar la magnitud del escándalo. Es una actitud como aquella máxima del político folclórico que reconoce que sí robo, pero poquito.

Una explicación a la conformación de una mentalidad sexualmente depredadora entre algunos Legionarios la da Julián Cruzalta, fundador de Católicas por el Derecho a Decidir, quien atribuye la pederastia como fruto de "un clericalismo y una misoginia muy fuerte que no se puede atribuir solo a su fundador, Marcial Maciel. Él ya es difunto desde hace muchos años y esto continúa, no quieren enfrentar la verdad, el daño que han hecho".

A su vez, Ignacio Cuevas, del Observatorio Eclesial, afirmó que lo que llevó a esta congregación a la situación que vive "fue el voto extra que pedían a sus miembros de no hacer una crítica ni denunciar a los superiores, y eso hizo que fuera totalmente opaco y permitió que los abusos que se cometieron, empezando por los de su fundador, se mantuvieran". En estos tiempos "anormales" bien valdría la pena que la Iglesia católica dejara de ver solo la paja en el ojo ajeno. Su feligresía se lo agradecería.

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