Censuras corporativas, nos alcanzó el futuro
enero 11, 2021 |

La censura que hicieron las principales redes sociales a los mensajes de Donald Trump con el argumento de que fueron los mensajes que incitaran a un numeroso grupo de simpatizantes a tomar el Capitolio en Washington, D.C. son altamente inquietantes por sus implicaciones.

Trump es, en efecto, un personaje disruptor de los escenarios políticos tanto norteamericanos como mundiales. Su negativa a reconocer los resultados del proceso electoral ha introducido en este año de configuraciones extrañas mayores dosis de incertidumbre luego de que en noviembre la prensa electrónica neoliberal también censurara los mensajes del presidente referidos a un supuesto fraude electoral.

Los mensajes censurados que fueron motivo para que Twitter cancelara la cuenta del presidente norteamericano son: "Los 75 millones de grandes patriotas estadounidenses que votaron por mí, ‘AMERICA FIRST’, y ‘MAKE AMERICA GREAT AGAIN’, tendrán una voz GIGANTE en el futuro. No serán tratados sin respeto ni injustamente de ninguna forma" (las mayúsculas son, obviamente, del original), y: "A todos los que me han preguntado, no iré a la inauguración del 20 de enero".

Ninguno de los dos mensajes incita a nada, aunque en una sociedad crispada en la polarización no es difícil que sean malinterpretados. Como lo fueron.

Lo preocupante es que las empresas que crearon esas redes lo interpretan así y toman una decisión unilateral a la que tienen derecho toda vez que ellos determinan la relación con los usuarios. Tienen el derecho de aceptar o no a un usuario, pero son redes públicas formadas por usuarios y ningún medio electrónico debiera tener el poder unilateral de censurar, toda vez que son de uso público.

Pero el sistema neoliberal no simpatiza con Trump. Eso ha sido más que claro luego de ser testigos divertidos de los desplantes del presidente gringo durante los últimos cuatro años.

El presidente López Obrador ha externado su desacuerdo precisamente porque las redes sociales han sido una herramienta comunicadora de sus propio mensaje.

Pero esos desplantes son los reflejos autoritarios de inmensos y poderosos medios generadores de instrumentos de redes sociales, empresas que se benefician de la información del perfil de los usuarios para enviarles publicidades específicas coincidentes consustanciales con perfiles personales, gustos, temas de interés, nivel económico y patrones de consumo de millones si no es que de centenas o miles de millones de usuarios.

El tema no es menor y es un discusión de debe darse pronto en este país. Por lo pronto es de esperarse que la prensa conservadora y neoliberal nacionales crucifiquen al presidente mexicano, mientras que en el sentido estricto, por las frases usadas no se desprende en absoluto una incitación a la rebelión. Son tiempos singulares.

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