Viendo a EU, ¿quién polariza a México?
enero 07, 2021 | Julio Hernández López

Astillero

La evolutiva propensión a la violencia política desarrollada por Donald Trump ante su derrota electoral, con sus expresiones de este miércoles de bananero supremacismo fallidamente sedicioso en Washington, incentivó a la derecha mexicana, y en particular a sus expresiones partidistas contrarias al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a tratar de atribuirle conducta y acciones propiciatorias acá de hechos similares a los vividos sobre todo en el Capitolio estadunidense.

Cierto es que se vive en México un acelerado proceso de polarización en cuanto a discusión pública, sobre todo en las redes sociodigitales sumamente contaminadas por bloques operativos que no debaten ni analizan sino colman de mentiras, ofensas y exageraciones, y cierto también es que lo vivido ayer en la capital del imperio mundial, cada vez más explícitamente en decadencia, debe servir de alerta ante lo que se ha ido tejiendo en México.

Pero tales acusaciones sípormexiquistas son una desproporción que delata los verdaderos móviles de un antiobradorismo que en su incapacidad ha apostado por inflar la suposición de una dictadura y de un apocalipsis marca 4T. En realidad, la evolución en décadas del movimiento andresino en el plano nacional ha tenido como orgullosa proclama que no se ha roto ni un vidrio durante sus multitudinarias reuniones y protestas.

López Obrador llegó al poder gracias a la perseverancia en los caminos de la legalidad electoral y a pesar de que, en 2006, tuvo a su disposición a masas enardecidas por el fraude electoral cometido por Vicente Fox y Felipe Calderón, contingentes dispuestos a avanzar con violencia a una orden de su candidato despojado. En 1988, en condiciones parecidas, Cuauhtémoc Cárdenas evitó confrontaciones y previsible derramamiento de sangre. Los mandos de esa izquierda educada en el institucionalismo priísta, Cárdenas y López Obrador, derivaron su fuerza social y electoral hacia caminos partidistas (el PRD y Morena, en su caso), sin romper lo institucional.

Durante tres décadas (del 1988 cardenista al 2018 obradorista), la izquierda electoral sufrió exclusión, represión y fraudes. Las maquinarias de los poderes priístas y panistas impusieron una facciosa versión de país que constituía violencia política. Silencio, complicidad y condición gananciosa mantuvieron ante ello muchos de quienes hoy (desde medios, empresas y partidos) se quejan de la palabrería de la mañanera, de los excesos retóricos (que los hay) del Presidente de la República en esas alocuciones matutinas y que aceleran desbocados la especie de que se está destruyendo al país y la nueva clase salvadora es la misma que antes lo hundió.

Tal vez, para confirmar la insensatez de quienes pretenden atribuir al obradorismo una condición contraria a lo institucional, violenta, polarizante, baste preguntarse si el viaje electoral andresino alguna vez practicó y justificó lo que anoche tuiteó Trump: "Esto son cosas y eventos que pasan cuando una victoria electoral arrolladora es arrebatada de manera tan abrupta y viciada a los grandes patriotas que han sido tratados tan injustamente y mal durante tanto tiempo".

La provocación, la exacerbación, la siembra de un presunto espíritu bélico salvatorio y el uso apabullante de medios de comunicación, dinero empresarial y complicidades de poderes ahora desplazados corresponde a esa amalgama de inconfesa orientación pinochetista (Frena, como ejemplo desquiciado de una "misión" de azuzar, provocar y confundir) que busca desplazar al precio que sea la solitaria opción histórica de cierto centroizquierdismo reformista (Morena, la llamada 4T) llegada a un poder institucional tan necesitado (Palacio Nacional y sus ramificaciones), para su propia supervivencia y para seguir rindiendo réditos aceptables incluso a sus élites tradicionales, de remozamientos eficaces.

¡Hasta mañana, disponible ya la carpeta de investigación sobre las acusaciones a Félix Salgado Macedonio https://bit.ly/2Xj7his !

Twitter: @julioastillero

juliohdz@jornada.com.mx

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