FALANGES: Sobre el confinamiento y política de salud emocional
diciembre 16, 2020 | Luis Adalberto Maury Cruz

¿Cuál es la consecuencia del confinamiento en México en el contexto de la pandemia del COVID-19? A la fecha el COVID-19 en México ha generado 114 mil defunciones en números conservadores. Sin embargo, somos 130 millones de mexicanos. El número de muertos es estadísticamente no es significativo. Aunque en lo familiar es una tragedia.

El problema del COVID-19, lejos de ser sólo un problema de salud física es un problema de salud mental. La medida del confinamiento social como "antídoto" contra la "pandemia" genera un problema multidimensional con dos aristas estructurales:

1) Crisis económica dada la contracción por los cierres temporales y definitivos de empresas, así como de las actividades económicas en lo individual, ha generado un 54.9% de pobreza laboral de acuerdo al CONEVAL. De acuerdo a la CEPAL la pobreza será 49.5 millones de personas en México al terminar 2020.

2) Crisis de violencia en lo social y en lo familiar está vinculada con la económica. La violencia es previa a la pandemia, sin embargo, la violencia social y familiar se ha incrementado gravemente, por ejemplo los homicidios dolosos y los feminicidios, la tendencia de divorcios, las violencias de género van en aumento (esto es un problema gravísimo que va más allá de los clichés de muchos feminismos y feministas).

Diciembre-enero son fechas del mayor índice de suicidios de acuerdo a la frecuencias habituales, hoy esto se agrava por la crisis económica y existencial producto del confinamiento.

El problema no es per se el COVID-19, ni siquiera sus efectos, sino las medidas públicas contra que generan efectos negativos en la población. Pues, su letalidad estadísticamente no es preocupante hasta hoy. (114 mil defunciones de 130 millones de personas). La crisis económica y emocional es grave.

La medida pública del confinamiento y aislamiento. Cierre de espacios públicos, de espacios de trabajo, de escuelas y encierro en casa, va más allá de una jaula física, es la ruptura de la socialización, del no tocarse (crucial para un animal gregario como somos). Por ejemplo: no hay ritos funerarios funcionales que permitan el duelo, lo cual prolonga la agonía, el estrés y la violencia. El estrés en la educación y en el trabajo en casa en modalidad a distancia, está generando más estrés.

El confinamiento genera ansiedad, trastornos del sueño, alimenticios, incrementa el estrés y los conatos de violencia en casa, que se traducen en problemas de hipertensión, delitos, separaciones y violencias. Esto se incrementara con los problemas económicos en curso, la cuesta de enero quizá se prolongue todo el primer trimestre del 2021. Es menester un plan emergente de economía social. No bastan los programas del bienestar.

La falta de espacios públicos para la socialización incrementa los efectos nocivos del confinamiento. Es ridículo que se permita que un restaurante abra y un parque este cerrado. Los parques no sólo son pulmones de oxigeno de las ciudades son también "pulmones emocionales" de las personas. El punto es no generar conglomeraciones de personas, sin embargo, permiten marchas vandálicas.

La consecuencia del confinamiento en México en el contexto de la pandemia del COVID-19 es el deterioro emocional de la persona que mina el tejido social. No hay política pública para la salud emocional en la actualidad, esto es una violación de derechos humanos pues no se garantiza el derecho a la salud, ni al libre desarrollo de la persona, a afectando a todos sin distinción, pero mayormente a los niños y niñas. Esta entrelazado con la crisis económica.

No es justificación pero el COVID-19 es una condición inédita y global, con uso de herramientas del siglo XVI: confinamiento. Ni gobierno ni sociedad aun entendemos, sin embargo, el gobierno está para resolver, ya lo dirá el procedimiento para la revocación de mandato.

La nueva normalidad para este 2021 está imbuida de la crisis existencial la desolación y una hiperfragmentación del tejido social, la peste emocional apenas empieza hacer estragos. Se avecina es una tercer oleada de COVID-19 (ya señalado en columnas previas).

Hay un entorno de invierno favorable a la influenza estacional, las personas presentan debilidad del sistema inmunitario por el estrés, por enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes, y por el quiebre de la estabilidad emocional. Se hace imperante una política pública integral con herramientas para la salud emocional de la población. Pero, ¿usted cree que la actual ineptocracia entienda al menos qué es política pública y salud emocional?... yo tampoco.

La esperanza no está en la vacuna, esto es una ilusión, en relación al proceso de producción logística de trasportación, vacunación para 130 millones de mexicano. En fin, ¿usted qué piensa?...

lmaury_cruz@hotmail.com

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