Reeducación
diciembre 04, 2020 |

La andanada de críticas al gobierno de la 4T es variada. Van desde quienes se escandalizan por romper con las lógicas neoliberales por financiar el consumo de los más pobres y no las empresas, lo que eufemísticamente llaman proteger la planta productiva, hasta las definiciones ético/morales sobre la mejor forma de llevar la convivencia nacional.

Lo cierto es que el Presidente es un hombre de Estado que conduce al país en medio de la tormenta perfecta, sin violencias gubernamentales ni censuras y, además, con una veta notoria de intención educativa. No poca cosa si nos atenemos a la degradación ética promovida por el capitalismo a lo pendejo. Neoliberalismo, si se lo prefiere.

Por más de tres décadas la sociedad nacional estuvo bajo la corrosiva agresión de los valores promovidos por el individualismo consumista y el deseo de satisfactores inútiles endilgados a masas ya sobre endeudadas. Por describir la situación de algún modo. Hay quienes hacen escarnio de la veta moralizante, cosa que obedece más a haber visto afectados sus intereses, que al sano escepticismo respecto a las intenciones de todo gobierno.

Lo cierto es que la cultura moldea los procesos y tomas de decisiones de los conglomerados sociales, ya sean civiles o empresariales. La cultura de valores, de lo que es válido y lo que no lo es, guía las acciones y orienta el comportamiento individual de cada uno de los miembros de una empresa o de una sociedad. Esto comprende los valores, creencias y actitudes inherentes a la sociedad o la organización.

Si desagregáramos el proceso esto implica valores, creencias, clima, normas, símbolos y filosofía. Esto es: el cuerpo conceptual con el que se explica al mundo y el actuar en él. Pero son los valores y las creencias los que constituyen la esencia de la cultura, las cuatro variables restantes son manifestaciones de ésta. Los valores y las creencias constituyen la esencia de la cultura, las cuatro restantes son manifestaciones de ésta.

Para reorganizar un país y ponerlo de nueva cuenta en condiciones soberanas de competir con éxito, debe hacerse algo más que modernizar las redes y adaptar los procesos de trabajo. Es imperativo transformar la cultura en una que se defina por el bienestar consistente de los gobernados. Cuando cada ciudadano está conectado a través de un entramado de valores, objetivos y creencias compartidas, la organización, el país, mejora radicalmente su desempeño. Esto parece ser un objetivo y método muy claros de este gobierno.

Es pronto para concluirlo, pero las cosas parecen marchar por el camino correcto. El ambiente se percibe más colaborativo, menos competitivo. El respetable parece apercibirse que, en medio de esta crisis brutal, entre la emergencia sanitaria y la recesión, lograremos mucho más colaborando que compitiendo por ganarle al prójimo.

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