Ausencias corregibles
noviembre 30, 2020 |

Hace apenas un par de días este espacio editorial abordaba la misoginia como un problema severo de la sociedad veracruzana toda. La violencia contra las mujeres es una constante que en diversos grados de intensidad altera la vida y calidad de vida de todas las mujeres en Veracruz, al margen de su condición económica. Aunque desde luego es mucho más notoria en las llamadas clases populares, lo que no significa que en estratos sociales más acomodados no exista, solo que es menos notoria. El penoso caso de los Porkys hace tres años es una excepción pero ilustra inmisericorde la extensión y profundidad del problema.

Los casos acumulados de los dos gobiernos pasados son un legado fatal a los que se suman los casos habidos en este gobierno. Ahora sabemos que el crimen organizado es una variable importante porque usan a las mujeres relacionadas afectivamente con miembros de grupos o células competidoras para mandar mensajes de advertencia y amenazas macabras.

Un grupo que se denomina a sí mismo como Autodefensas de Veracruz anuncia que, por lo pronto, llevará a cabo acciones de protección a las mujeres en las zonas universitarias de la UV. Si se acepta sin conceder la sincera autenticidad de tal grupo, esto abundaría a la idea de la cada vez mayor participación ciudadana en la definición de las decisiones públicas. Lo que no está mal. Ahora, que esto pueda ser utilizado con fines políticos por la derecha conservadora para socavar la relación entre gobernantes y gobernados no debe ponerse en duda. De hecho justo eso es lo que pasa. Basta pasearse un poco por los noticieros electrónicos televisivos y radiofónicos.

Por eso son tan notorias las ausencias gubernamentales en materia de comunicación y educación públicas. Los medios informan sobre un problema crónico con mayor o menor precisión, pero no se ve ninguna acción gubernamental dirigida a inducir cambios en la conducta y en la forma de procesar las cosas en la sociedad. Por lo menos en cuanto a la comunicación de masas, habría que ver cómo se aborda el tema en los ámbitos escolarizados.

Esto es una ausencia, si no una omisión, que debe ser corregida. Las autoridades gubernamentales educativas y de seguridad pública debieran estar abocadas a producir y difundir contenidos educativos que no solo desalienten la violencia de género sino que activamente promuevan la confianza de las mujeres de que son y serán protegidas. Si no se actúa directamente en la sociedad la misoginia seguirá reproduciéndose ad náuseam con todas sus consecuencias de horror.

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