Analizar la Guía Ética
noviembre 29, 2020 |

La idea de la publicación masiva de una Guía Ética desde el gobierno lopezobradorista parece ir en el sentido de abrir el debate en torno a su pertinencia y conveniencia para contar con un documento que llame a la reflexión, al pensamiento crítico y a la revisión de la conducta de la sociedad en general, impuesta por los centros y por los mismos grupos de poder que sexenio tras sexenio hicieron de la nación un cuantioso botín.

El saqueo, la impunidad y la falta de empatía con la ciudadanía, ayudada en gran medida por "políticas educativas" instrumentadas por los grandes corporativos mediáticos, hicieron que fuese normalmente visto que el poder sirviera para que reducidos grupos y "políticos" reciclados sexenalmente tuvieran la mayor libertad y hasta aceptación para apropiarse de la riqueza nacional; utilizar el erario para fines patrimonialistas y de construcción de élites a las que lo que menos importaba era la suerte de la ciudadanía.

Así, durante más de 36 años, cientos de miles de familias pagaron con pobreza, subalimentación, falta de servicios médicos, infraestructura social, desempleo y pobreza una visión neoliberalista del progreso, sin que mediara ningún punto de reflexión serio sobre las consecuencias de la pérdida de sentido ético que se instaló como forma natural de convivencia.

No basta solo con distribuirse masivamente dicha publicación –pues si bien se asegura que sus principales postulados se concluyeron tras la celebración por dos años de más de 50 foros de reflexión, análisis y debate, y contaron con la participación de más de un centenar de instancias de gobierno, organizaciones de la sociedad civil, instituciones de educación superior e iglesias–, la oportunidad para debatirse está puesta en la mesa.

Esta idea de combatir la degradación civil y procurar el "bienestar del alma" es una promesa empeñada por el mandatario el día de su toma de posesión. Cabe recordar que en su denominación original de "Constitución moral", la Guía Ética fue objeto de rechazo y críticas. Éstas se debieron a que no es posible plantear una "Constitución moral", en tanto la Constitución es un documento legal; más aún, es la ley máxima que rige al país y lo dispuesto en su articulado es de cumplimiento obligatorio. Otro motivo polémico fue la interpretación del término "moral" en su significado coloquial de moralina, y de lo que sectores conservadores suelen defender como "buenas costumbres".

En este sentido, el cambio de denominación es positivo al ubicar a la Guía Ética fuera del terreno de las leyes, que son construcciones sociales vinculantes y coercitivas, y trasladarlo al campo de la ética, es decir, de la reflexión acerca de las normas que rigen nuestra conducta en sociedad más allá de lo que indica la legislación.

Estas normas y la reflexión en torno a ellas, aunque carentes de fuerza legal, resultan imprescindibles para la convivencia. La mejor prueba de ello es la inocultable degradación ética que padece el país tras décadas de promoción del mercantilismo, el individualismo, el consumismo, una concepción egoísta e irresponsable del éxito, la competencia en detrimento de la colaboración y el bienestar individual por encima del colectivo.

La imposición de estos antivalores que constituyen el núcleo de la ideología neoliberal facilitó que México se volviera simultáneamente un semillero de pobres y de integrantes de las listas de Forbes, que seamos un escenario mundial de primera importancia en la violencia de género y que los indígenas sigan padeciendo un racismo arraigado.

La oportunidad para su debate y crítica no debe ser eludida por ninguna de las fuerzas sociales y políticas antagonistas al lopezobradorismo, pues la discusión pública permitirá enriquecerla o en todo caso, si se considera que este tipo de iniciativas no tendrán frutos positivos, analizar y discutir con seriedad su pertinencia. La pelota está en la cancha de todos aquellos interesados, pues para bien o para mal, es una iniciativa en proceso de construcción.

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