La pólvora y el Colegio de Veracruz
noviembre 26, 2020 |

Valeria Segura*

Desde hace unos días, la comentocracia "laureada" de Veracruz inició una nueva cargada contra El Colegio de Veracruz (El Colver), haciendo noticia de un asunto interno –por demás simbólico– como es el de las candidaturas a consejero alumno, a partir de que una de las postulantes es hija del secretario de Educación, Zenyazen Escobar. Esto es muy desafortunado porque el tema objetivo queda subordinado a grillas de baja ralea y los opinadores pretenden de rebote sacudir al gobierno del estado con argumentos lastimeramente absurdos e ignorantes, incluso aseverando que se convertirá en un enclave leninista, sin importar el propio devenir de la institución.

Para empezar, en toda esa gritería mediática se desconoce que fue por gestiones del alumnado, a través de diversas reuniones con los nuevos directivos, que se hicieron los cambios para ampliar la participación a quienes cursan tercer semestre, pues la fórmula que ocupó la consejería de los estudiantes en el periodo 2019-2020 fue designada directamente por el anterior rector, Eugenio Vázquez, sin mediar elección, ya que emanaba de una organización juvenil priísta que éste favoreció en el ocaso de su turbia administración.

Además, se condenan las propuestas de Sidny Escobar como si ningún candidato a consejero, al calor de la fantasía electoral estudiantil, hubiera prometido la luna y las estrellas con anterioridad, sin lograr aterrizar siquiera el ser efectivamente una voz de todos los estudiantes del Colver. Pero al ser familiar de un funcionario es "gravísimo" para la escuela, casi tan deshonroso como el periodo en que el oscuro duartista Vicente Benítez estuvo de docente.

Vamos, yo ni la conozco, pero este linchamiento a la "niña" –como le han llamado–, si asumimos esta elección como un proceso político, implica una violencia política de género, pues atribuyendo todo a su genealogía se coarta el derecho a ser votada de la única mujer contendiente al demandar el retiro de su candidatura, arguyendo "conflicto de interés", y si esto sucede en un ejercicio escolar, nos podemos imaginar cómo está la mentalidad de los comentócratas ante la realpolitik. Porque si se entiende que un conflicto de interés se da cuando la conveniencia laboral, personal, profesional, familiar o de negocios de una persona servidora pública puede afectar el desempeño imparcial, objetivo de sus funciones, ¿de qué estamos hablando cuando ese potencial nombramiento no supone un manejo presupuestal ni la incorporación del consejero alumno a una estructura administrativa? En todo caso, el secretario de Educación ya es miembro de la Junta de Gobierno del Colegio.

Lo llamativo es que en plena víspera electoral, so pretexto de esta "trama", se ha reavivado la más insidiosa de las diatribas, no contra la escuela ni el gobierno estatal, sino contra cualquier perspectiva política no homogeneizada en torno a la doctrina neoliberal, reflejo del nado sincronizado en el mundo de los columnistas de nuestro país, quienes se ostentan como dueños de la verdad.

Entre los razonamientos que "explican" la ruina de una institución como El Colegio de Veracruz, se acusa a la nueva administración de dirigir un programa comunista que representaría una regresión histórica, sin tomar en cuenta que el macartismo de este discurso, que discurre entre lugares comunes como Rusia, Fidel Castro, etcétera, desempolva la persecución ideológica de la Guerra Fría, lo cual significa tanto la pretensión de un pensamiento único e incuestionable, característica del fascismo, como el verdadero retroceso a una forma de pensar de la primera mitad del siglo pasado.

En la vehemencia por socavar, con otros fines, un proyecto académico –autodenominado humanista, que no socialista–, del que precisamente por instruir Ciencia Política se debe esperar pluralidad en los planes de estudio, se exalta a "notables" personajes de la vida nacional, dibujados en un cuadro que durante años se exhibió en la escuela, como Enrique Krauze, Juan Pablo II y Vicente Fox, que son justo lo que representa el jet set intelectual, político y farandulero alrededor del que se cimentó un esquema aspiracional y elitista que casi acaba con el futuro del país. Respecto a esto, solo queda decir que ojalá que la gente que opina de política estuviera más cerca de los libros que de los grillos ■

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