Inconfesables
noviembre 26, 2020 |

Veracruz tiene un muy serio problema de misoginia, de odio hacia las mujeres. O mejor dicho la sociedad veracruzana lo tiene. Específicamente los hombres veracruzanos lo tienen. Basta con atenerse a la estadística de las muertes por violencia de las mujeres en el estado. Siempre el perpetrador es un hombre.

La sociedad veracruzana tiene un Edipo no resuelto. No solo es un problema de individuos emproblemados con la figura femenina, es un problema que involucra a la sociedad completa porque la actitud ante los feminicidios es mayoritariamente distante, si no indiferente. Y cuando quienes se ocupan de visibilizar, quienes resisten, denuncian y protestan, con frecuencia topan que ellas también apelan a patrones de violencia, algo pasa en la comprensión del discurso porque hay disonancias.

Hay quienes explican la violencia feminista desde la catarsis. Es posible, sí. Incluso es probable. Habrá quienes lo aprueben o rechacen en mayor o menor medida. No es el punto.

El punto es notar que los patrones destructivos suelen estar asociados al comportamiento masculino y que entonces se manda un mensaje equivocado. Se trata de romper el espinazo al patriarcado, a las lógicas del patriarcado. Y eso no está realmente claro que vaya a lograrse desde la lógica del patriarcado, apelando a comportamientos patriarcales.

Por el otro lado está el gobierno. ¿Dónde está la acción del gobierno en la sociedad? El asunto de la violencia es un asunto de formación social. De patrones de conducta casi genéticamente memorizados. En la educación, en la comunicación social. En la educación no escolarizada.

Es allí donde debe ponerse énfasis. En cambiar el paradigma de la misoginia patriarcal.

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