Una pieza clave en el gabinete de Cuitláhuac
noviembre 23, 2020 | Job Hernández

urante cuatro largas décadas el neoliberalismo fue dominante en la ciencia económica. Miles de economistas fueron educados en el aprendizaje de un dogma formado por proposiciones sencillas pero eficientes en términos propagandísticos. O, mejor dicho, fueron adiestrados para repetir e implementar un conjunto de "verdades" inobjetables aunque bien a bien no las comprendieran porque, en realidad, pocos fueron a las fuentes a leer de primera mano a Milton Friedman o Friedrich Hayek. Lo más usual eran los manuales norteamericanos de la McGraw Hill.

En la solución de los problemas económicos privó el reduccionismo doctrinario y las salidas fáciles: particularmente la contención del gasto para mantener un déficit moderado fue el objetivo recurrente de una política económica inflexible destinada a generar un Estado mínimo (barato y eficiente).

Pero, más allá de esta retórica, los neoliberales fueron muy malos administradores. Provocaron la bancarrota de muchos países. En México multiplicaron por cinco la deuda dejándonos con una rueda de molino en el cuello comparable a la de los años 80.

En las finanzas públicas prevaleció el despilfarro y la utilización descarada del Estado como instrumento de acumulación de fortunas personales. Las famosas "píldoras amargas pero necesarias" solo se suministraban al pueblo.

Salir del laberinto neoliberal no será fácil. Además de las dificultades políticas y el peso de las inercias económicas, la transición estará dificultada por la carencia de cuadros profesionales abiertos a nuevas soluciones en el campo de la economía. Muchas de las universidades públicas, por no decir las privadas, no han hecho sino graduar generaciones de economistas acostumbrados a pensar en clave neoliberal. Ante esta dificultad la Cuarta Transformación tuvo que recurrir a los cuadros técnicos del viejo régimen, tratando de ponerlos bajo el control de una política económica diferente.

Los economistas capaces de entender e instrumentar las directrices generadas desde el Poder Ejecutivo son escasos. La inmensa mayoría no es capaz de traducir el ideario político de la Cuarta Transformación en un cuerpo coherente de doctrina y en una orientación eficaz de política económica.

En ese sentido es notable la figura del muy joven secretario de Finanzas y Planeación del Estado de Veracruz, José Luis Lima Franco. Ajeno a los círculos tecnocráticos, dado que no se formó en el extranjero ni en las aulas privadas, ha sabido traducir los principios políticos en los que cree en acciones contundentes y lineamientos oportunos para las finanzas públicas veracruzanas. Para propios y extraños, su desempeño ha sido notable, logrando fortalecer la administración pública estatal, enfrentar exitosamente los estragos económicos derivados de la pandemia, resolver algunos problemas históricos de las finanzas veracruzanas y traducir en apoyos a la ciudadanía los ahorros logrados mediante una férrea pero no despótica política de austeridad.

Nada de esto es poca cosa en una entidad federativa donde sus funcionarios primero se llenaban los bolsillos antes de cualquier otra cosa. No es gratuito que la prensa local calificara la reciente comparecencia de Lima Franco ante los diputados veracruzanos como un éxito, ubicándolo como pieza clave en el gabinete de Cuitláhuac García. Por eso, si la 4T quiere tener éxito en Veracruz deberá mostrar que tiene más elementos de este calibre.

*Economista, latinoamericanista y asesor parlamentario

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