Política

Finalmente, carajo

noviembre 21, 2020

Por fin, luego de muchos sexenios de prohibiciones interesadas y de políticas públicas falsarias, el Senado de la República ha descriminalizado la mariguana.

Por su estúpida prohibición en el mundo ha habido muchísimo sufrimiento. En México, ese sufrimiento fue multiplicado por los imperativos legitimadores de un sociópata, Felipe Calderón Hinojosa, y de un tipo torpe y falto de entendimiento para comprender las cosas, Enrique Peña Nieto. Estos dos paradigmas del prianismo, como se conoce al neoliberalismo aborigen, se esmeraron en sangrar a borbotones a un país ya de suyo lastimado por décadas de pésimos gobiernos. Por corruptos, por frívolos, o por incapaces, aunque la regla fue por la combinación de las tres, los gobiernos neoliberales se negaron a reconocer la estupidez de las políticas prohibicionistas.

En 1971 el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, indicó que "la guerra contra las drogas es nuestra segunda guerra civil". Fue Nixon quien inició las modificaciones estructurales en el sistema monetario internacional necesarias para la pesadilla que vendría una década después.

Ese mismo año su gobierno decidió abandonar la paridad del dólar con el oro a cambio de ligarlo a petrodólares y luego a una canasta de monedas. Dos años después, en septiembre de 1973, se impuso el neoliberalismo a rajatabla en Chile por medio de los discípulos de Milton Friedman y Arnold Harberger, los pergeñadores de los dogmas neoliberales. Los instrumentadores del neoliberalismo, los Chicago Boys, hicieron de Chile su campo experimental. Eso y el pretexto de la Guerra Fría dieron el marco de justificaciones para echar a andar una de las políticas más dañinas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, de donde surgieron los acuerdos monetarios de Bretton Woods que estabilizarían los intercambios económicos, al dar certidumbre al valor de las monedas respecto a su valor en oro.

La guerra contra el narcotráfico alentó y justificó el intervencionismo de las agencias norteamericanas. Planteada como una guerra de los buenos contra un mal evidente y absoluto. Otra mentira de aquel presidente defenestrado por mentiroso. Mentira que habría de ser agravada por la desastrosa usurpación de Felipe Calderón de la presidencia. Y la de su sucesor, Enrique Peña Nieto.

Estos dos ex presidentes lastimaron al país como enemigos. Sus decisiones exponenciaron la violencia, la decadencia institucional. Paralizaron y degradaron a la sociedad mexicana. Gobernantes de los que sufriremos las consecuencias de su existencia en el gobierno por mucho tiempo.

Se acabó. Fue hecho por un gobierno no neoliberal abocado a reconstruir el país dentro del modelo de Estado de bienestar.