Obama y Fidel en Copenhague
noviembre 17, 2020 | Adalberto Tejeda-Martínez

Cuenta el expresidente Obama que en la Conferencia de las Partes sobre cambio climático de diciembre de 2009 (COP 15) en Copenhague, jugó un papel crucial al impulsar un acuerdo transitorio para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, en vez de apoyar un tratado más comprometido, que le habría puesto en contra al Congreso, o no haber tomado la iniciativa para que China, la India, Brasil y otros, culparan a Estados Unidos del fracaso de la cumbre. La historia es parte del libro «Una tierra prometida» que en estos días empieza a circular en varios idiomas, y del que la prensa ha adelantado algunos capítulos. El número 21 inicia con detalles de la relación de Obama con el Secretario General de la ONU, y continúa con una prosa novelesca que narra los encargos a Hillary, los vuelos, una tormenta de nieve, la cortedad del premier danés, los pasillos y los ascensores interminables de la sede que fueron utilizados a mansalva por la conjura china.

En esa reunión también estuvo Fidel, el gobernador de Veracruz que a última hora decidió asistir. Le pidió al rector que alguien de la Universidad Veracruzana le redactara unas notas para presentar ante la Conferencia. Las dos cuartillas las recibió y agradeció puntualmente. En esencia planteaban que los países desarrollados se han beneficiado de la emisión de gases de efecto invernadero y que la pujanza de sus economías parte del uso intensivo de energías fósiles por lo que les correspondía recompensar a los países en vías de desarrollo; que era estratégico apoyar la creación del fondo verde que propondría el Gobierno mexicano (de origen panista), y que Veracruz podría liderar una red de estados-provincias del Golfo de México y del Caribe, conformada por instancias gubernamentales, académicas y de la sociedad civil, hacia la cooperación en materia de adaptación ante el cambio climático y el aprovechamiento de recursos internacionales para la mitigación (léase reducción) de emisiones de gases de efecto invernadero.

Como autor de esas notas quise estar al pendiente de su destino. Le pedí a una colega de la UNAM, asistente a la Cumbre, que me informara puntualmente de la recepción que tendrían las propuestas del gobernador de Veracruz. Un día a primera hora me avisó que en la tarde (amanecer en México) Fidel Herrera presentaría su ponencia en el auditorio tal. Unas diez horas después me escribió otro email para informarme que el gobernador no había estado en el estrado —de una sesión secundaria, no de la plenaria, desde luego— por la sencilla razón de que no se acreditó en tiempo y forma ante los organizadores. Hubo un pequeño forcejeo porque sus ayudantes a la brava querían que a su jefe le permitieran ingresar al salón, pero los daneses no se impresionaron con las credenciales que les mostraron. No obstante, en esos días aparecieron en la prensa veracruzana fotos del gobernador, de abrigo grueso y bufanda, con mamparas al fondo con logotipos de la Conferencia, seguramente en el vestíbulo de algún hotel sede. Y ahí terminó aquella gloriosa contribución veracruzana al combate internacional al cambio climático.

Las fotos del día