Pensar desde hoy
octubre 22, 2020 | Andros Ulises Saldaña Rodríguez

La sonrisa del Terminator

A pesar de las múltiples películas, cómics, series, videojuegos y otros medios donde el universo de Terminator se expande y engrosa su contenido, las primeras dos entregas siguen siendo para muchos las mejores, y Terminator 2: Judgment day es generalmente coronada como la mejor de la saga. Efectos especiales que sorprendentemente se mantienen visualmente vigentes, además de secuencias de acción, trama, e incluso el elemento femenino distante totalmente de la fragilidad habitual tanto para la época como para el género de acción y ciencia ficción la hacen una película adelantada a su época, al mismo tiempo que icónica de los 90.

Además de todas las maravillas que puede representar para los cinéfilos de la cultura pop, la complejidad temática que envuelve al T-800 y la trama de la película hay elementos interesantes para discutir con la ciencia ficción como pretexto, que no solo se limitan a la ciencia y tecnología, sino a la antropología y a la filosofía misma. Generalmente tendemos a deslumbrarnos y dejarnos absorber por los robots, luces y destellos, y dejamos de lado el tema de nosotros como seres orgánicos en relación a lo que vemos en pantalla. Sin embargo, el guión de Terminator 2 se preocupa por estos temas, en tanto que la dinámica entre el T-800 y John Connor, fuera de las persecuciones, se centra en cómo hacer más humano al "organismo cibernético".

Hay una escena que aparece en la versión de cine donde el T-800 sostiene un arma de carrusel, imagen a la que John Connor le dice "es definitivamente tú". El robot le sonríe, y prosiguen con lo suyo. El espectador podría preguntarse porqué sonríe si es una máquina, pues se supone que carece de emociones. En el mejor de los casos, las emula o finge, pero aquí no hay necesidad de mascarada. Esta aparente incongruencia se explica en dos escenas de la versión extendida. La primera trata sobre el bloqueo de aprendizaje de los exterminadores, sin el cual, aprenden y se vuelven tan "humanos" psicoafectivamente hablando, que algunos traicionaron a Skynet y terminaron apoyando a la humanidad. La segunda escena es sobre John explicándole al T-800 qué es sonreír, lo cual desde la perspectiva de una máquina es todo un lío. Posteriormente, casi al final del filme, el T-800 expresa que ha comprendido porqué los humanos lloran, y que él no podría hacerlo, con cierto tono de tristeza al no poder mostrar lo que siente en ese momento, algo un tanto similar a cuando Andrew de El hombre bicentenario habla de su incapacidad para expresar tristeza debido a su rostro mecánico, el cual no fue diseñado para llorar.

Básicamente, la evolución psicoafectiva del T-800 durante el filme nos sitúa en los límites de la personalidad humana, a través de la reflexión sobre la risa y el llanto como rasgos esenciales de lo humano. Ambas son expresiones emotivas y entramados de significación que nos permiten de manera intersubjetiva hablar de que la vida tiene un valor y sentido, cosa que, en el filme, la máquina entendió. Pero bien, la vida es algo que aplica a lo orgánico, no a las máquinas. Aquí resuena la definición sobre la Vida en Aristóteles que sintéticamente rescatamos del texto La Unidad del Viviente: una lectura desde la filosofía y la ciencia de José Ignacio Murillo, la cual nos indica que la vida es aquello que crece.

Si el CPU del T-800 queda desbloqueado, creando sus propias conexiones neuronales y creciendo con la interacción con el mundo y con otros seres, su pensamiento está creciendo. En otras palabras, su mente artificial, su lógica, su afectividad, dejan de ser un patrón de respuestas a estímulos externos para convertirse en algo vivo y creciente, al grado de que desarrolla la necesidad de expresar risa y llanto, y al punto de que aprende a sonreír y bromear. Deja de ser un dispositivo de infiltración y exterminación para convertirse en un protector capaz de decir tonterías, al mismo tiempo que cambia el sentido de su misión de una mera directriz al amor cuasipaternal por los humanos cuya destrucción fue el motivo original de su fabricación.

Aquí desde la ciencia ficción, desde la maravillosa trama de Terminator 2 que a muchos nos atrapa siempre como la primera vez, preguntamos sobre nuestra esencialidad humana, y sobre qué tan vivos podemos estar emocional y cognitivamente. No es sólo seguir creciendo y manteniendo funciones orgánicas y bioquímicas lo que nos hace estar vivos. Para estar vivos necesitamos entre otras cosas, crecer y desarrollarnos emocional, intelectual y socialmente. Estamos vivos porque crecemos en relaciones y en emociones, además de que acrecentamos intersubjetivamente los conocimientos respecto a nuestra circunstancia en maneras no sólo cognitivas, sino emotivas. Por otro lado, la risa, el llanto, las bromas, la seriedad, forman parte de nuestra identidad, de lo que nos hace únicos como individuos. La película plantea al final la ironía de que un T-800 diseñado para exterminar pudiese aprender la importancia de la emotividad y el valor de la vida al grado de perder la propia por ello, mientras que hay humanos que se muestran inertes o indiferentes ante tales significados. Si el T-800 aprendió sentir y a sonreír, ¿por qué nosotros perdemos esa capacidad con el tiempo?

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