Política

¡Zaz!

octubre 17, 2020

La detención en Estados Unidos de Salvador Cienfuegos, quien fue secretario de la Defensa en el gobierno de Peña Nieto, es un indicativo adicional que durante por lo menos 12 años el los gobiernos federales mexicanos fueron un cártel criminal que se sentaba en la misma mesa de los jefes a negociar y administrar la violencia.

El dato no es menor y tiene implicaciones lapidarias. Implica, por ejemplo, que los gobiernos demócratas o fueron cómplices o toleraron generosamente las andanzas de García Luna con Felipe Calderón y de Salvador Cienfuegos con Enrique Peña Nieto. Pocas veces la historia ofrece evidencias tan rotundas de un pacto de impunidad criminal dentro del Estado mexicano con los tomadores de decisiones de las empresas criminales.

Más aún, la corrupción consubstancial al neoliberalismo alcanzó en México niveles de excelsitud. Si no fuimos un narcoestado, sin la menor duda fuimos gobernados durante dos sexenios por empresarios/funcionarios narcos. Tan simple como eso.

No debe obviarse que la mayor parte de la pesadilla de violencia irracional en los sexenios de Calderón y Peña fue acompañada por gobiernos demócratas. El simpático Barack Obama durante ocho años y la impresentable Hilary Clinton, quien incluso visitó México y avaló la "valiente" gestión de García Luna.

Dicho de otro modo, contra toda lógica lineal, es claro que los mexicanos hemos tenido mejor fortuna con el impresentable Donald Trump que con el seductor Obama. Dos ex secretarios de gobierno mexicanos detenidos por narcotráfico por el gobierno norteamericano es los Estados Unidos, sugiere que ninguno de los dos ex funcionarios temía vivir o visitar Estados Unidos. Lo que sugiere un nivel de entendimiento y complicidad con el estamento demócrata estadounidense.

Las implicaciones de tal posibilidad en caso de confirmarse, son devastadoras. Exhiben sin cortapisas la dimensión corrupta neoliberal.

Esto no implica que la veta antisistémica de Trump sea la alternativa al neoliberalismo. Trump es un facista, igual de antisistémico como lo fue en su momento Hitler. Así que no hay espacio para el optimismo. Aunque vistas las cartas que hay sobre la mesa, lo mejor que puede suceder a los mexicanos en este contexto es que el actual presidente norteamericano sea reelecto.

La moneda está en el aire, pero a días de los comicios estadounidenses, es posible que se desate una cascada de revelaciones críticas del desempeño del pacto narco neoliberal entre los gobiernos demócratas norteamericanos y los gobiernos neoliberales mexicanos. Falta por ver lo que hará el sistema de justicia norteamericano antes del juicio a los ex funcionarios mexicanos.