Política

Fuera de la caja

octubre 16, 2020

Se dice que Europa ha entrado en una etapa de rebrote de la pandemia. Los estados en mayor o menor medida refuerzan sus operativos de aislamiento social y control. Más de un gobierno europeo reputado como democrático ha optado por el uso de la fuerza, por la imposición autoritaria. Es el caso de Francia y España, donde la fuerza pública reprime a transeúntes macana en ristre o retirando de una playa solitaria a una solitaria bañista. El mundo está paralizado económicamente y la perspectiva es complicada. Si hay alguna forma de superar –y trascender– la crisis en puerta es con base en las relaciones colaborativas. No hay más. Esto implica una inmensa responsabilidad individual. Deshacerse ya del adoctrinamiento neoliberal del individualismo.

El planeta pasa por momentos de inflexión sistémica y las incertidumbres son muchas. Hay, sin embargo, razones para el optimismo. En Bangkok, miles de tailandeses gritaron y cantaron el jueves hasta la noche, como reto masivo a una prohibición de las manifestaciones destinadas a poner fin a más de tres meses de protestas antigubernamentales. En Alemania la protesta contra las restricciones por el covid-19 acabó con un intento de asaltar el Parlamento en Berlín; sucede lo mismo en Estados Unidos. Lo preocupante es que la extrema derecha se ha montado sobre la rebeldía y la resistencia. La aprovechan y se montan en el discurso antisistémico desde la extrema derecha. Un enfoque completamente distinto al del gobierno mexicano pero extrañamente convergente. Quizá eso explique el inesperado entendimiento entre los dos gobiernos.

Ahora, independientemente del oportunismo de la extrema derecha neofascista, lo cierto es que la distorsión social resultado de la pandemia es mayúscula. Se argumenta el imperativo de no saturar la capacidad hospitalaria por la demanda de ventiladores, al tiempo que corren versiones médicas sobre la inconveniencia de forzar la ventilación en una persona afectada por covid-19.

El largo aislamiento tiene profundos impactos psicoemocionales y no hay una solución convencional a la vista. El desempeño de la OMS ha sido incierto y contradictorio.

Hace ya tiempo que es momento de salirse de la lógica convencional y de lo políticamente correcto. Los beneficiarios del miedo a la infección serán las empresas farmacéuticas. Pero la resistencia social se manifiesta implacable en lugares como Chile, donde la resistencia al pinochetismo reloaded de Piñeira es total.

Hoy en Chile sucede una revolución social y política que rompe implacable con la lógica del miedo. La pandemia metió a la gente en sus casas pero no desmovilizó la resistencia. Las aglomeraciones y movilizaciones que pueden verse en las redes sociales chilenas son referenciales. En la mejor tradición del anarquismo. Una festividad protegida que protesta porque se sabe cuidada por una primera línea de hombres y mujeres que se enfrentan físicamente contra las fuerzas antidisturbios que hacen uso ilegal, criminal, de sus armas antimotines, disparando balas de goma al rostro de los que protestan para sacarles los ojos. Hay una narrativa distinta de lo que está pasando hoy en el Chile gobernado por Piñeira. Chile vive una revolución antisistémica con movilizaciones que no se veían desde que la Unidad Popular tomó el poder en 1970. Sangrientamente defenestrado por un puñado de militares fascistas financiados por agencias norteamericanas.

Tanto la resistencia social en diversas partes del mundo como la revolución que hoy se desarrolla en Chile muestran que es tiempo de pensar fuera de la caja, fuera de la lógica del sistema.

Eso implica, por ejemplo, hablar abiertamente del dióxido de cloro como método preventivo y curativo para un muy amplio abanico de enfermedades. Especialmente del covid-19. El gobierno no lo recomienda porque no tiene, asegura, forma de garantizar su higiene, pero la patente es pública y el método de elaboración puede ser casero. No hay una solución convencional a la pandemia y, cuando la haya, no necesariamente estará en el interés de los gobernados. Pero sí tenemos una acumulación de muertes muy alta que se explica por las pésimas condiciones de salud preexistentes por la mala dieta de comida chatarra del respetable. Dieta promovida por las empresas de alimentos chatarra a la que los gobiernos anteriores nunca se atrevieron a imponer señalética de advertencia alguna.

Si el gobierno desconfía de la distribución informal del dióxido de cloro que revise los estudios que son públicos y de fácil acceso en las redes sociales de Andreas Kalcker. Varios colaboradores de ésta casa editorial lo utilizan como preventivo con beneficios colaterales inesperados. La desaparición de algunas molestias crónicas, por ejemplo. El gobierno se ha manejado dentro de los parámetros de la lógica convencional dominada por las farmacéuticas. Hay una alternativa fuera de esa lógica que el Estado, antes que desalentar, debería verificar seriamente con los datos estadísticos hechos públicos por el promotor de tal aproximación antisistémica. El gobierno tiene los institutos y los laboratorios, tan fácil como verificarlo.

Ante la ausencia de una solución convencional, el gobierno federal y el estatal tienen la obligación de confrontar los resultados reportados por los promotores, antes que desautorizarlos.