Política

Diputados constructores

octubre 08, 2020

A contrapelo de la política personal de austeridad y honradez que practican tanto el gobernador Cuitláhuac García Jiménez como el presidente Andrés Manuel López Obrador, las cabezas dirigentes de la fracción mayoritaria por Morena en la Legislatura estatal han hecho del importantísimo bastión un remedo de lo que los nuevos gobiernos intentan imponer como forma y praxis de la política.

Aunque no es cosa nueva lo que sucede en el Legislativo, pues desde un inicio los nuevos diputados pronto dieron muestras de inmadurez, infantilismo y desmedidas ambiciones al subírseles a la cabeza el poder, todo ello de la mano de una absoluta falta de preparación para estar en la misma ruta de la transformación que el país y el estado necesita.

Hay casos de nepotismo chambista –aunque se sospecha que son muchísimos más– como el del legislador morenista, José Magdaleno Rosales Torres, quien contrató a su hijo que apenas culminó sus estudios primarios, con un salario que mucho podría ayudar a algún joven profesionista, y sobre todo tráfico de influencias para prestación de servicios o adquisición de bienes hasta otra clase de influyentismo con el que operan para "trabajar", de manera torpe, políticamente sus distritos o lo que consideran zonas de influencia y el trapicheo con constructoras.

En ese absurdo afán por actuar en bloque y bajo un equivocado y confuso principio de solidaridad, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Javier Gómez Cazarín, salió a declarar que no existe contratación de familiares en la nómina de la Legislatura, que sus gestiones son absolutamente transparentes, al tiempo de rechazar el acto de "honestidad" de Rosales Torres, tanto al aceptar el hecho de contratar a su vástago como su afirmación de que hay otros legisladores que se ceban con el presupuesto de la Legislatura.

El propio Gómez Cazarín parece padecer los mismos males que su antecesor durante el yunismo, el panista Sergio Hernández, conocido por usar la notable influencia de la Legislatura para hacer negocios y beneficiar a sus familiares. Tal vez hayan sido las malas influencias de duartistas como Vicente Benítez –gran nuevo amigo del morenista y quien fuera señalado por corrupción en el gobierno de Javier Duarte pero a quien extrañamente la Legislatura no toca ni con el pétalo de una rosa– quien le enseñó el camino del trapicheo con constructoras, pues ha trascendido que su sobrino, Carlos Daniel Cazarín Quevedo –dado de alta en el padrón de contratistas en el municipio aliancista de Hueyapan de Ocampo apenas en 2019– es quien recibe los mejores contratos.

Al mismo tiempo, se le acusa de coyotear recomendando otras empresas de familiares para la obtención de obra pública en "sus" ayuntamientos ubicados en "su" distrito de San Andrés Tuxtla, donde pretende competir por esa alcaldía el próximo año en la que se desempeñó como Tesorero hasta 2016, cargo del cual, por cierto, fue despedido luego de que los cinco regidores lo denunciaran en el Orfis y el Congreso por presunto desvío de recursos.

El proyecto transformador del estado y del país requiere de congruencia ideológica y honestidad a toda prueba. De lo contrario, el pasado acecha y solo espera la oportunidad de volver al poder.