Política

No es poco lo que está en juego

septiembre 28, 2020

Para quienes aseguran que la actual situación del país se establece como una profunda crisis provocada por el gobierno de López Obrador –una idea que puede ser tan ambigua como excluyente– vale la pena reflexionar que más allá del concepto como tal, sus consecuencias, verificables en dimensiones como la tensión del sistema político, las dificultades para la consolidación del estado de derecho y los límites a la integración regional (verse la situación de Chihuahua en particular y las de los estados de la alianza oposicionista a la gestión de AMLO) parecieran llevar a suponer que en México hay un profundo desafío a la gobernabilidad democrática que no puede enfrentarse solo con propuestas económicas sino mediante un fortalecimiento de la política.

A diferencia de otros ejemplos ocurridos en países del continente americano en los que el impacto de la crisis trajo consecuencias como una caída en las exportaciones, lo que provocó desempleo y una reducción del comercio, en los dos años del lopezobradorismo y en plena pandemia no ha sucedido así.

En otros lares cayeron las remesas, la inversión y la asistencia para el desarrollo. Pero en México ocurre un fenómeno distinto y si se quiere, excluyente de ese formato, porque por primera vez en nuestro país se ha retomado la política como instrumento de solución a los ingentes problemas de la nación. Sin dudas es inédito en todas sus formas y particularmente agudizado por la aparición de una pandemia que ocasionó un paro en todos los procesos mundiales, un acontecimiento que seguramente tendrá efectos más devastadores –como siempre sucede– en aquellas naciones con menores recursos y estructuras económicas mal diseñadas para confrontar momentos de crisis económicas que privilegian sus logros financieros sin detenerse en sus efectos sociales.

La pandemia nos trajo, desde el punto de vista netamente político, siete áreas: impacto en el sistema político democrático, mayores demandas sobre el Estado, polarización política, dificultades para la consolidación del estado de derecho, efectos en los procesos electorales, impactos en los procesos de integración y consecuencias sobre el multilateralismo y la posición regional en él.

En este caso interesa la demanda sobre el Estado a cuyo fortalecimiento apostó el gobierno. El cambio de paradigma no solo afecta los marcos teóricos con los cuales se analiza la realidad y se construyen hipótesis sobre la base de las cuales se toman las decisiones. En particular, la capacidad del Estado para actuar en el contexto de la globalización, tanto en relación con los fenómenos trasnacionales y globales (pandemias, cambio climático, crimen organizado, entre otros) como frente a cuestiones estrictamente locales ligadas a la convivencia democrática y la cohesión social.

Los gobiernos democráticos y sus instituciones son los que reciben las demandas de los ciudadanos, tanto la básica de protección y seguridad –frente a la delincuencia– como otras necesidades esenciales (salud, alimentación, vivienda). Esto va más allá y requiere de otro análisis y distinto punto de vista con respecto al cariz que está asumiendo la oposición en México.

Desde el frente común mediático que prohija las ingenuas pero no desdeñables expresiones de los grupos visibles e invisibles alineados en el Frenaaa, a las alianzas lectorales impensables de la "izquierda" perredista con el PAN y el PRI, el escenario nacional plantea un nuevo reto en el que todos debemos estar atentos. No es poca cosa lo que está en juego.