Política

Cambio profundo

septiembre 27, 2020

A contrapelo de lo que sucedía antes de la pasada elección presidencial, donde, por efectos del neoliberalismo, las fronteras de los partidos políticos dejaron de existir y la izquierda y la derecha oscilaban hacía uno y otro lado, de acuerdo con sus conveniencias –ahí está el ejemplo del PRD, aliado con el PAN en elecciones locales, o el PRI recibiendo el apoyo parlamentario de ambos para sacar sus reformas "estructurales"–, principalmente en las coyunturas electorales, desde hace dos años el teatro político nacional ha entrado en una etapa de definiciones.

Mañosamente, los gobiernos priístas y panistas totalmente comprometidos con el ajuste y las reformas estructurales neoliberales promovían políticas orientadas a reducir su impacto social, lo que los aproximaba a la izquierda política, al menos en el discurso, y muchos pensaban que no había diferencia entre tales propuestas. Eso era muy útil para dichos gobiernos, pues parecía que la política ya no tenía sentido o, en el mejor de los casos, que había cambiado tanto que se había vuelto incomprensible. El desconcierto ante esta supuesta confusión planteada deliberadamente en el imaginario social ocasionaba el desinterés de la mayoría de la población en la política. Con todo y que fueron avasallados en julio del 2018, el reacomodo del pensamiento derechista y aliados "moderados" está en marcha.

Pese a los desacuerdos e, incluso, a las divisiones y desgajamientos que pueda haber en la derecha, su propuesta parece atrapada en el esquema de la Guerra Fría. Por encima de las diferencias sobre el rigor con que deba aplicarse la libertad de mercado, está su certeza casi absoluta de que lo política y lo económicamente correcto es el planteamiento neoliberal, el cual, además de reducir la realidad a términos económicos, aspira a ser el único pensamiento posible y, por lo tanto, se concibe como indiscutible.

En el trasfondo de las muy elementales diatribas de los Frenas o los alarmistas pronunciamientos de su clase dirigente, hay toda una doctrina que, aunque conocida, vale repetir: el mercado es el medio para resolver todos los problemas; las finanzas constituyen el motor de la economía; el libre intercambio ilimitado es factor de desarrollo ininterrumpido del comercio; la mundialización del mercado financiero y de la producción manufacturera lleva al desarrollo; la división internacional del trabajo modera las reivindicaciones sindicales; la moneda fuerte es factor de estabilización; la desregulación de la economía es condición indispensable de su crecimiento; reducir el Estado es ampliar la civilización; el mercado lleva a la democracia; el pragmatismo reemplaza a la ideología; no ataca a los débiles, sino las pretensiones más débilmente justificadas; la corrupción es inevitable, pero será marginal; las desigualdades son de orden natural y, por lo tanto, constantes; primero hay que crear riqueza para luego repartirla tal cual se puso en práctica en los gobiernos desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto.

Todo ello, apuntalado por creadores de opinión, dedicados en su momento a publicitar la armonía social y el avance inequívoco hacia el bienestar y la democracia. La imagen de estos voceros –hoy férreos y espontáneos críticos de la gestión lopezobradorista– adquirió notables dimensiones porque, al arrogarse la representación de la sociedad, suponen colocarse por encima de toda sospecha, quedan libres de cualquier crítica social y siempre proyectan el lado positivo en ciertos medios de comunicación que hoy también, informalmente, se suman al frente antilopezobrador. El servicio que estos voceros prestaron al pensamiento único fue muy valioso por su comprometido y enfático discurso sustentando el "avance" inexorable hacia la prosperidad y la democracia en aquellos gobiernos, haciendo más difícil poner en evidencia las contradicciones sociales de la política neoliberal.

El camino es largo y los obstáculos mayores e inéditos. La transformación del país depende no solo de quien gobierna sino de todos los mexicanos que han adquirido conciencia social, y pese a los embates se han percatado del cambio profundo que está ocurriendo en el país.