Política

Encadenada

septiembre 26, 2020

En ocasiones diversas este espacio editorial ha tomado el tema de las distorsiones del patriarcado. Hace un par de meses, en razón del calvario de una periodista norteamericana que huyó del país por una relación tóxica con un connacional veracruzano.

Se decía ahí que el machismo no es en realidad el problema. El machismo es apenas una de las manifestaciones harto indeseadas del verdadero problema. Esto es, el patriarcado. El machismo, la misoginia, el patronazgo, la violencia, los toqueteos indeseados, las miradas lascivas, los feminicidios, la quema de miles de mujeres acusadas de brujas durante 900 años en la edad media. La quema de la biblioteca de Alejandría. Apenas algunas de las manifestaciones del patriarcado.

Más el pecado, la condena, la descalificación a priori, la rigidez mental, el prejuicio, la homofobia, los feminicidios. Todo, la arquitectura conceptual del patriarcado.

No basta tener una fiscal mujer, es necesario construir un nuevo paradigma de sensibilidad del servidor público.

Una mujer se encadena a las columnas del palacio de gobierno porque decide que es la única forma de darle visibilidad a un problema que no es una mera categoría sociológica, sino la realidad hostil que padecen las víctimas en esta sociedad. Mucho más cuando son mujeres.

Una mujer que dice ser amenazada busca la protección que por ley le da el Estado a través del gobierno, pero cuyo representante gubernamental, mujer, no atiende con la urgencia y aplicación requeridas. Y tiene razón. Lo que sugiere que los victimarios también suelen ser mujeres.

Porque el patriarcado no es mero asunto de actitudes, instituciones e imposiciones masculinas, es un asunto de mentalidad. Es un asunto del sistema de reproducción social, e impacta lo mismo en hombres que en mujeres. Es ahí en donde el modelo educativo y la intención comunicadora deben incidir introduciendo, promoviendo, un nuevo paradigma. El inductor de esa construcción es el gobierno, los actores son la sociedad. Pero se precisa de una conducción de los asuntos de gobierno que imprima ésa intención. Eso lo hace el gobernante.

Los problemas de Veracruz requieren no solo de acciones administrativas concretas. Requieren de intención explícita. Y eso precisa concepto. Tenemos un serio problema con la forma de actuar del patriarcado veracruzano.

¿Qué vamos a hacer para acotarlo?