Política

Oportunidad perdida

septiembre 25, 2020

Ayer se dio a conocer que dos de los parques industriales que se contemplan construir en Veracruz dentro del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT) podrían ser trasladados a Oaxaca, con lo que se perderían fuentes de trabajo y áreas de desarrollo empresarial que buena falta le hace al estado.

La razón es que a la fecha no se ha logrado concretar precios con ejidatarios de Cosoleacaque y Sayula de Alemán, quienes exigen pagos por los terrenos muy por encima del precio asignado por el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin).

La cintura del Istmo de Tehuantepec, que comparten Veracruz y Oaxaca, adquiere ubicación estratégica dentro de los planes de desarrollo del gobierno de López Obrador pues una vez concluidas las obras tanto de las vías férreas como de los nodos logísticos para el almacenamiento y trasvase de mercancías, podría constituirse en una importante alternativa para el comercio internacional, con evidentes ventajas sobre el canal de Panamá, principalmente, la proximidad con el mercado estadunidense.

El CIIT, el ferrocarril maya, el aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas constituyen la columna vertebral de los macroproyectos con que el gobierno federal pretende reactivar la economía en la deprimida y olvidada región sureste del país.

En esa área de oportunidades, para Veracruz resulta sustantivo el desarrollo del Corredor Interoceánico, y aunque se cuenta con dos predios en Coatzacoalcos, uno que fue comprado por el anterior gobierno federal y otro que pertenece a Petróleos Mexicanos (Pemex), además de un tercer predio ubicado en el municipio de Texistepec, donde también se están haciendo las negociaciones y asambleas para autorizar la compra, la fallida negociación con los ejidatarios Cosoleacaque y Sayula de Alemán podría tener severas consecuencias para la confiabilidad de la entidad como destino seguro para los inversionistas que han visto en estos desarrollos una buena opción para implantar sus capitales.

Si bien los ejidatarios están en su absoluto derecho para ofertar al mejor postor sus terrenos, lo que sale a colación es el enorme atraso sistémico que se vive en el sur de la entidad, donde prevalecen añejas formas de organización política y administrativa en las que los cacicazgos regionales aún mantienen la fuerza suficiente para forzar negociaciones con las autoridades en las que no solo los directamente involucrados "en este caso los campesinos y los negociadores del CIIT– lleguen a acuerdos, sino que aparecen terceros actores que aprovechan para llevar agua a su molino.

Mientras el conflicto sigue entrampado en Veracruz, ya se están realizando negociaciones con ejidatarios oaxaqueños para llevar a sus localidades esas importantes inversiones en las que todos salen ganando: los inversionistas por su lado y las comunidades por el suyo, con probables fuentes de trabajo y desarrollo económico.