Cultura

Las aventuras de Weremere

septiembre 23, 2020

¡Abran que llegó la ley!

Muy pocos conocen otro de los apodos de mi amigo y tocayo Juanito Weremere: "¡Abran que llegó la ley!" y la jocosa anécdota que motivo el mismo.

Corría el año de 1956 y con bombo y platillo abría sus puertas la tienda departamental SEARS en el centro histórico de la ciudad y puerto de Veracruz.

En los terrenos que habían sido propiedad de los monjes mercedarios y después de la tienda de Juan Benito se construyó esta tienda departamental que según hoy anda en quiebra.

Pues bien, muchos jóvenes se acercaron para aplicar y formar parte del equipo de la moderna tienda departamental, entre ellos un moreno de cuerpo muy bien formado. El joven Martín era muy guapo - según venia de Alvarado- y aunque las mujeres lo asediaban él tenía ya había entregado su amor a otro joven llamado Juan que era originario de la ciudad.

Martín y Juan era de carácter alegre y muy queridos conocidos y amigos, por eso ante el gran amor que se profesaban "La palomilla" integrada por sus más cercanos amigos decidió que debían formalizar su amor ante los hombres y la sociedad.

Si bien es cierto en aquellos tiempos los homosexuales eran bien tolerado por el vecindario jarocho, el jocoso proyecto para unirlos en santo matrimonio no fue bien visto por las devotas damas de la vela perpetua, considerándolo herético y profano.

Ahora bien, quiero aclarar que weremere no estuvo involucrado en la organización de la parodia, pero la suerte jugó un papel preponderante en el desenlace de los hechos que ahora narro, pues para colmo de males la ceremonia se llevó acabo en el patio de vecindad donde vivía mi amigo.

Como dije antes, "La palomilla", tanto de buena fe como en su mayoría para echar desmadre organizaron la ilegal boda de Martin y Juan, con toda la parafernalia que esto implicaba, sin escatimar detalle, pues incluso mandaron a confeccionar un hermoso vestido blanco para Martin,- que en mi opinión fue lo que enfureció a las piadosas damas de la sociedad porteña - y un borrachito tipo español con cara de cura, fue disfrazado para hacerla de ministro del curioso culto que también enfureció al vicario de la catedral.

Todo era algarabía en el antiguo patio que hoy es un estacionamiento de autos y que está en la desembocadura del callejón de J.J. Herrera, donde tenía su cuarto el weremere.

La fiesta estaba en su apogeo, los novios radiantes y muy contentos, cuando tal vez por la presión de las vecinas y el cura vicario, llegó policía en las "Julias", que eran las camionetas de batea adaptadas con una caja cerrada como cubierta para encerrar a los pendencieros en su mayoría de la zona roja de la ciudad.

La música fue interrumpida por las sirenas y gritos de los policías que llegaron a levantar a todos los invitados y en especial con los progresistas novios que se habían adelantaban años a las reformas estructurales de la vida civil.

¡Todo se volvió confusión! novios e invitados corrieron al fondo del patio donde estaba la habitación de weremere, quien como buen samaritano les dio santuario metiendo a la mayoría en el pequeño espacio.

Los policías golpeaban la puerta una y otra vez para hacerlos salir, pero nadie les haca caso, no fue hasta que llegó el imponente inspector de policía llamado Quintín que al grito de: ¡Abran la puerta que llegó la ley!, que fue como por arte de magia que werermere decidió abrir y todos salieron para abordar "Las Julias".

La cosa no paso a mayores para los chicos de ambiente, solo que Martín se quedó sin trabajo en SEARS y weremere se ganó el nuevo mote de ¡Abran que llegó la ley!