Política

FALANGES: Sistema político y ciudadanía

septiembre 14, 2020

¿Cuál es la condición interna del sistema político en México? y ¿a dónde puede llevar la ciudadanización de los partidos? Es frecuente que en la función pública haya subejercicios y la corrupción aún continúan, en la gran mayoría de los portales de trasparencia de los sujetos obligados violan flagrantemente el artículo 70 de la Ley General Transparencia y Acceso a la Información Pública, pues no tiene las nóminas, indicadores de gestión y de desempeño, ni las licitaciones y contratos, dictaminaciones financieras.... hay nepotismo: con frecuencia la familia y los amantes del funcionario público están en nómina, ocupando cargos públicos, casos sobran. Es decir, el sistema político presenta en gran medida condiciones internas de oclocracia y de ineptocracia visible en los tres niveles de gobierno y en todos los órganos públicos.

La condición ideológica global "somatizada" en el sistema político en México se muestra en los estertores del neoliberalismo y en la dificultad de la cimentación del marco neonacional. Esto es un rezago que presenta México en relación a la tripolaridad neonacional (Rusia, China y EEUU) y a toda Europa Occidental.

El Estado Mexicano, tanto en su condición interna e ideológica, presenta deficiencias en el diseño e implementación de nuevo régimen, manifiesto en la falta de coordinación entre poderes, basta ver los amparos contra las obras de la Federación; al interior del gobierno Federal se ve en los conflictos al interior del gabinete; y entre la Federación y las Entidades Federativas manifiesto en el tema del pleito federación gobernadores federalistas.

Es innegable la legitimadad de origen de López Obrador. La gran mayoría de los políticos que obtuvieron un cargo de elección popular desde gobernadores, legisladores, alcaldes, síndicos hasta regidores de MORENA tiene una legitimidad de origen derivada de López Obrador, salvo casos contados. La mayoría no tienen luz propia, ni ingenio político y sólo dan dolores de cabeza.

Hay una aceptación mayoritaria del Presidente, reconocida por la prensa disidente fuera y dentro del territorio nacional, como es el caso de El País y de El Financiero; con la aceptación no se gobierna, pero es un factor. Esto no es trasferible a la jornada electoral de 2021, esto es la última fase del proceso electoral que ya inició y es plenamente local.

El proceso de 2021 remite a puestos de elección popular de alcaldía, sindicaturas y regidurías, diputaciones locales y federales, y de 15 gubernatura; de las cuales ocho están en manos del PRI (Campeche, Colima, Guerrero, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas), cuatro en las del PAN (Baja California Sur, Chihuahua, Querétaro, y Nayarit en alianza con el PRD), una en las del PRD (Michoacán), una en las de Morena (Baja California) y una en manos de un gobernador independiente-PRI (Nuevo León).

La fragmentación al interior de todos los partidos nacionales es un hecho. El descredito y desfonde del PAN, PRI, PRD, MC, Verde por actos de corrupción y narcopolítica es notorio, aunado a la falta de cohesión interna. MORENA tiene una institucionalidad política débil, el PT está sobre valorado.

Hoy en lo local pesa menos lo nacional, y hay una individualización de lo electoral, requiriendo operaciones más atomizadas y movilizaciones más controladas y personalizadas. Esto los superdelegados no lo comprenden y con frecuencia están metidos en escándalos de corrupción y algunos hasta en delitos sexuales, como ocurre en Veracruz. Por ello el efecto López Obrador no es definitorio y es sumamente limitado. Esto lo tiene claro el Presidente y el electorado de a pie, pero muchos actores y oportunistas políticos tanto de MORENA como de la oposición no lo entienden. Así, los aciertos políticos reales o "ficticios" de López Obrador no se trasfieren en votos, pero sus errores políticos reales y "ficticios" sí merman a MORENA y lo mismo vale para todos los gobernadores. Esto es un factor que explica lo mediático de la Presidencia y de los gobernadores de la Alianza Federalista. Hay la necesidad de estar vigente en el imaginario político, es un juego de espejismos recíprocos, no para ganar sino para perder menos. Ya sabe quién sigue ganando este juego.

La crisis del Estado, la debilidad del diseño institucional emergente, el agotamiento del modelo neoliberal, la falta de oposición política activa y funcional, aunada a los escándalos de corrupción se manifiestan en la oclocracia y en la ineptocracia actual, que genera la tendencia de la fragmentación política y de la atomización de los electores.

Hoy en lo local, como regla fáctica y general, no está en juego un proyecto político, sino la imagen de un individuo. Esto quizá no sea deseable, pero es un hecho. Sólo en la medida que una circunscripción/distrito o municipio es más urbano y más numeroso, en términos del padrón electoral, el individuo/candidato se torna más personaje político y menos individuo familiar.

Será un proceso electoral basado más en el carisma de individuos locales que en emblemas partidarios y su éxito en la jornada electoral de 2021 que depende de las alianzas operativas basadas en sumar desde la diversidad política y social, pero el riesgo es no reconocer sumas que resten y confundir mitin con reunión políticas, y éstas con jornada y movilización electoral. En MORENA se confunde el 2021 con el 2018, están anquilosados; y la oposición no muestra ingenio para la operación política desde un orden neonacional y más individualizado que en el proceso inmediato anterior.

La distinción entre chairos y fifís, conservadores y liberales, puros y corruptos sólo beneficia al Presidente, no a MORENA, ni a la oposición. Pero desde los partidos no se muestra inventiva política, no hay oposición responsable. MORENA aun no es un partido es un recua de tribus, (obviamente es un partido en lo jurídico). Movimientos como FRENAA, de Gilberto Lozano, es política ficción mucho más débil que México Libre de Felipe Calderón y Margarita Zavala.

Empero, ¿a dónde puede llevar la ciudadanización de los partidos? La ciudadanización es una realidad deficitaria. Sin embargo en la medida en que los candidatos sean menos ciudadanos habrá menos legitimidad de origen y mayor posibilidad que los partidos de oposición pierdan su registro electoral y de ganar la legitimidad se pierde.

La ciudadanización de los partidos da pauta a la legitimidad de origen, sin embargo, es disruptiva al interior, genera mayor fragmentación, mayor democracia/oclocracia. Con la notoria falta de cultura cívica y política al interior y al exterior de los partidos se vislumbra mayor oclocracia, mayor diversidad e ineficiencia política en la diputación federal y local, así como en las 15 gubernaturas que están en juego para este 2021.

El punto es como construir un partido, candidaturas ciudadanas y gobiernos, progresivas en materia de derechos humanos e institucionales en un marco neonacional que aún no se consolida y en un entorno social cada vez más individualizado. En fin usted, ¿qué piensa?...

lmaury_cruz@hotmail.com