Política

Hartazgos

septiembre 14, 2020

Desde finales de marzo, la mayor parte del mundo se encuentra confinado por recomendación de la Organización Mundial de la Salud. Se argumenta que es para tratar de frenar la velocidad de la extensión del coronavirus y evitar el colapso de los sistemas de salud nacionales. Desde entonces, grupos de personas han expresado su rechazo porque el confinamiento vulnera sus derechos.

En la última semana fueron muchas las protestas contra la cuarentena, los toques de queda decretados por algunos gobiernos y el aislamiento generalizado. Hubo manifestaciones, disturbios y saqueos en varias parte del mundo, en franco rechazo a las políticas de inmovilización social y sus consecuencias. Por lo pronto, el colapso de la economía mundial aún no ha dejado sentir sus efectos más severos, estos habrán de presentarse en los próximos meses.

Las medidas tomadas por los gobiernos para frenar la expansión de la pandemia enfrentan protestas significativas en Estados Unidos, Europa y en algunos países latinoamericanos cuyos gobiernos decidieron imponerlas a rajatabla. Los casos de Chile y Argentina son harto ilustrativos. Se han documentado hasta la saciedad abusos policiacos en contra de ciudadanos por no llevar un cubrebocas. En algunos casos esto ha llevado a la muerte de ciudadanos.

Las protestas contra el confinamiento tienen su origen tanto en grupos de derecha radical como progresistas, aunque los extremistas de derecha han sido los más vistos. En las protestas también están presentes el descontento del personal sanitario, por las limitaciones e ineficacia de sus respectivos gobiernos para garantizarles seguridad y evitar un colapso en los sistemas de salud.

Desde mediados de abril, el Fondo Monetario Internacional advirtió en su informe semestral que la crisis económica por el coronavirus originaría oleadas de disturbios como las desarrolladas en 2019, ante la posible percepción de que las políticas de recuperación económica son insuficientes o solo favorecen a los más ricos. La red social Facebook hizo público que eliminaría todo contenido que haga apología a las protestas contra la inmovilización social, el propio Mark Zuckerberg ha calificado las difusiones de las protestas por redes sociales de "información errónea [y] dañina".

Se dice que México tiene una de las peores estadísticas de muertes por covid-19 en el mundo. 70 mil 822 decesos por el brote y las cifras podrían aumentar. A inicios de septiembre, el Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades del país anunció que registraron 122 765 muertes más de lo esperado en lo que va de 2020. Pero la cifra por sí misma dice poco. Para que fuera realmente de utilidad habría que precisar en cuántas de esas muertes diagnosticadas por covid-19 hubo condiciones de morbilidad preexistentes; en un país de obesos, diabéticos e hipertensos, tal desagregación es esencial para poder realmente valorar la naturaleza del impacto de la enfermedad, no bastan las cifras absolutas, es preciso asociarlas a la condición de salud preexistente de los fallecidos. Porque lo más probable es que la alta cifra de fallecimientos por covid-19 en México esté estrechamente asociada a la precariedad generalizada de la salud en el país. Y de eso, hay responsables. No solo los que permitieron la multiplicación geométrica de los alimentos chatarra, también los que permitieron durante tantos años simular con advertencias indescifrables el contenido de tales alimentos. Esto es, las autoridades sanitarias de los tres gobiernos anteriores.