Política

Impudicia

septiembre 06, 2020

La cínica impudicia con la que se lamenta el ex presidente Felipe Calderón cuando acusa presiones gubernamentales al INE para negarle el registro a su partido México Libre, no representa "un atentado a la democracia", y su ausencia en la boleta electoral de ningún modo significa un menoscabo en la construcción de un país más democrático y con renovada fortaleza institucional. Sin dudas, habrá quienes comulguen con sus ideas y forma de pensar; otros le aplaudirán su actuación como mandatario y estarían dispuestos a apoyarlo en un proyecto político que va más allá de buscar mejorar el estado de las cosas en el país.

Calderón tuvo su oportunidad, y se le recuerda por la siembra del terror padecida en México desde su sexenio a partir del cual se ha potenciado la práctica de la desaparición forzada, con una danza de las cifras deformante de cualquier imaginario del horror. Ese es otro de los pendientes del michoacano y las estadísticas urgen respuestas, y por sí mismas son un apremio a las autoridades para que actúen con prontitud ante la desazón, donde los casos siguen pendiendo del anonimato, donde varios de los responsables se han ausentado impunes. Así pues, los desaparecidos políticos en México no son fantasmas ni sombras, la inexistencia de sus huellas no debe diluir la exigencia para que se asome el destino que se les dictó desde el poder.

Por ello, el triunfo electoral del primero de julio de 2018 ha convocado diversas expectativas sobre el tema. La elección de una mujer con la lucha por los desaparecidos al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, al igual que la instalación de la Dirección General de Estrategias para la atención de los Derechos Humanos, de la Subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración, así como la Comisión Nacional de Búsqueda, Unidad de Delitos del Pasado y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas son iniciativas que alimentan la certidumbre de que ahora sí no va a cultivarse la desmemoria, la impunidad, la continuidad del desasosiego; a pesar de que cada uno de estos organismos parecieran ser instrumentos aislados, sin articulación dentro de una sinfonía, con ausencia de una dirección articulada, la suma de dichos esfuerzos permitirían la unificación de una voz que mitigue el silencio sembrado durante tantas décadas.

Actuar en el presente permitiría evitar la continuidad de negar el futuro, así como posibilitar que la memoria prospere pues dibujar el pasado no debe manchar la actualidad. Es de esperarse que ahora sí se alcancen objetivos concretos y que de ninguna manera quede en el olvido la memoria de los invisibilizados desde el poder. En ese sentido y al pretender investirse como un demócrata consumado, Calderón Hinojosa busca no sólo escapar del juicio de la historia en su responsabilidad reciente como mandatario del más puro corte neoliberal, sino que que supone equivocadamente que la gente ya olvidó lo que sucedió durante su aciago gobierno. Y ahora quiere volver por más.