Política

Tumor

septiembre 03, 2020

El doctor Lorenzo Córdova Vianelo, confrontado con el gobierno y refractario a lo que suene a simpatía por la 4T, va construyendo solo y por iniciativa propia su defenestración. Fue elegido consejero presidente en 2014 por un periodo de nueve años, hasta 2023. Por polaridad ideológica se ha hecho habitual que se confronte con las posiciones de López Obrador. Los gobernados perciben no solo el mal disimulado diferendo y sus dificultades para sobrellevar las cosas con Morena. No puede porque el consejero presidente simplemente no es imparcial. En febrero, después de que los consejeros del INE aprobaron por mayoría de votos la reelección anticipada de Edmundo Jacobo Molina como secretario ejecutivo por un periodo de seis años, el consejero Molina concluía su gestión hasta el 10 de abril, pero el presidente consejero Lorenzo Córdova decidió adelantar la reelección. Esto, con el objetivo de asegurarse consejeros afines, debido a que en abril entrarían los nuevos y la correlación de fuerzas en el INE cambiará. Tonto no es.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le dio instrucciones para renovar la presidencia y secretaría general de Morena. Habrá que entender que en las actuales autoridades electorales no son imparciales por injerencistas.

Morena presentó una iniciativa que propone modificaciones al artículo 41 de la Constitución, para que la presidencia del consejo general del Instituto Nacional Electoral sea rotativa cada tres años. La idea es evitar lo que ahora sucede, que una persona declare el puesto como un coto personal. El periodo de nueve años establecido actualmente fomenta la concentración de funciones en una sola persona, suprimiendo a sus pares para desempeñar el cargo de manera rotativa, lo que fortalecería la pluralidad en la institución que regula la parte formal electoral y la convivencia política del país.

Periodos más breves fortalecerían la agilidad en la toma de decisiones y evitaría la concentración de poder en una sola persona durante nueve años. Por lo demás, las presidencias de los diversos órganos autónomos y de la sala superior y regionales del TEPJF no van más allá de un periodo de seis años, y en todo caso, cuando lo rebasan es por el hecho de haber sido reelectos para un periodo más, lo que propicia un mecanismo de control sobre la permanencia o no de la presidencia respectiva.

Lo cierto es que lo gobernados demuestran ya desconfianza e incluso hartazgo del consejero presidente. La sospecha de deshonestidad es grande y no es recomendable que eso tamice en desdeño del tribunal electoral.