A propósito de juicios
agosto 31, 2020 |

Infilados hacia el segundo informe de gobierno, los gobernados, abrumados por la fuerza del torrente de acontecimientos nacionales y mundiales, coinciden en compartir una suerte de entusiasmo por el castigo a varios notables del régimen anterior. Cada día, uno tras otro, salen evidencias de la intención delincuencial de las administraciones neoliberales, de Salinas a Peña Nieto.

Los asuntos del Estado mexicano estuvieron en manos de una élite gobernante que premeditadamente se organizó para apropiarse del dinero público en cantidades obscenas. Esto es, delinquir.

Una elite gobernante que se sentaba a la mesa con la diplomacia embajadora CEO de las organizaciones criminales. Y transaban. Llegaban a acuerdos y los hombres del gobierno subordinaban el interés de los gobernados al interés de una facción o corporativo criminal.

El gobierno terminó por convertirse primero en protector, y luego en instrumento de intereses criminales. Así nada más, y "se quedan tan plopas", como decía Cortázar en La inmiscución terrupta, como si nada hubiera pasado tratan de organizar opciones electorales y se arrebatan en sus cuentas de redes sociales.

El libro de Olga Wornat es devastador, muestra a Felipe Calderón Hinojosa como lo que es: un sociópata. No debería extrañar entonces lo que hizo en este país, lo ensangrentó con la sangre de connacionales mexicanos, escaló la violencia a niveles de excepción porque el hombre tenía que legitimarse. También a centroamericanos reclutados a la fuerza y utilizados como carne de cañón. La periodista relata su experiencia bajo el gobierno de Felipe Calderón. De terror, hostigada por amenazas telefónicas y tratos hostiles y vejatorios por autoridades gubernamentales en sus visitas a México.

Las revelaciones recientes respecto a los comportamientos de las autoridades electorales, las reacciones de estas autoridades en contra de las conferencias mañaneras por considerarlas propaganda electoral, cuando es un ejercicio de información a lo que los gobernados tienen derecho, marcan claramente la intencionalidad conservadora.

Estos notables conservadores neoliberales son igual a lo que históricamente siempre han sido en este país. Los que dan golpes de Estado, como el de Victoriano Huerta contra Francisco I. Madero. O los que van con Napoleon III a buscar una cabeza coronada europea para gobernar el país. Traidores a la patria, para decirlo en breve.

Esto no es un asunto de fundamentalismos y creencias ideológicas o políticas, es un asunto de Estado. Esa élite gobernante traicionó no solamente a los gobernados empobreciéndolos, obligándolos a pagar el quebranto bancario, minando su salud con la permisividad a la industria alimentaria, quebrando al sistema educativo, modificando la constitución para malbaratar el patrimonio nacional con concesiones mineras, robándolos con estafas maestras y compras de chatarra. Lo que esta élite hizo es mucho más que una corrupción sistémica y generalizada, que ya es mucho, es traición a la patria. Y por eso sí pueden ser juzgados, dicen.

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