¿Quién lleva la delantera?
agosto 24, 2020 |

Resultan más que evidentes los propósitos de deslegitimación de la figura presidencial que representa AMLO al divulgar ahora el video en el que su hermano, Pío López Obrador, presuntamente recibe dinero en efectivo para las actividades políticas de Morena. Fue una respuesta de botepronto ante la gravedad de las declaraciones con las que Emilio Lozoya Austin ha desvelado la profunda red de complicidades entre empresarios, ex presidentes, políticos panistas y priístas, todos ellos involucrados en el infame saqueo que han hecho de los recursos del país.

Aquí cabe la pregunta: ¿esa filmación no hubiera tenido un efecto más devastador si se hubiera presentado en el contexto de la elección presidencial, lo que hubiera dado pie a sanciones a Morena y habría modificado, tal vez, el resultado final de las elecciones? ¿O es que ni Ricardo Anaya ni José Antonio Meade lo tenían en su momento y proviene de otro sector que naufragó también tras el triunfo de AMLO?

En fin, es cosa natural la reacción de quienes se han visto involucrados en anteriores videos, relacionados con la también presunta entrega de grandes sumas a cuadros políticos panistas y priístas –senadores casi todos, algunos de ellos hoy gobernadores–, en este rejuego de la política a la mexicana, cuyos efectos esperan equiparen el estado de las cosas, donde en términos de establecer quién es más corrupto, estos llevan, por el momento, una amplia delantera.

Aunque este parece ser un debate mal planteado, pues la corrupción es de por sí un hecho dado, por sí misma deleznable e inaceptable en cualquiera de sus formas, sin embargo, tiene niveles por el tamaño del daño infringido a la sociedad y al patrimonio público, pues las cantidades recibidas por Morena en la mencionada grabación clandestina son cacahuates comparadas con los montos manejados en los negocios que se hacían durante los años de gobiernos anteriores. No se pretende justificar, pues, este hecho –no hay atajos falsos, se comete o no un ilícito–, aún falta por corroborarse, al igual que el denunciado que compromete a operadores políticos panistas y que por el momento están sujetos a investigación. Ya en el caso donde se involucra a su partido, el mismo Presidente salió a decir que se trata de aportaciones de la sociedad para sustentar los gastos del naciente Morena y pidió a la FGR investigar a fondo y castigar a quien resulte responsable si se comprueba la comisión de algún delito electoral.

Por el lado de los cuadros panistas y priístas aludidos por las confesiones del ex director de Pemex, resulta lógico que salieran a negar los hechos imputados y ponen en prenda sus virtudes públicas y compromiso con la nación para acusar que son objeto de calumnias viles que buscan desprestigiar sus impolutas trayectorias dentro de la política.

Al respecto, y enmarcado en ese tema de los sobornos entregados por Odebrecht, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que el contrato de la planta Etileno XXI con la trasnacional brasileña implicó un quebranto a la nación por alrededor de 15 mil millones de pesos, por el subsidio en la venta de gas etano a bajo precio –en perjuicio de las petroquímicas de Pajaritos, en Coatzacoalcos, Veracruz– y para su transporte, así como el pago de multas si no se le entregaba el hidrocarburo.

Eso fue resultado del triunfo cultural con el que el PAN apoyó la reforma energética de Enrique Peña Nieto; el saqueo obsceno y la sumisión del gobierno y legisladores ante una megaempresa que solo tenía una manera de convencerlos de las bondades de concretar una operación como la mencionada. Aparentemente se doblegaron más que por convicción, por la seducción del dinero fácil que además se justificaba en el contexto de la ideología neoliberal y de libre mercado que PRI, PAN y la izquierda del PRD, impusieron en los últimos años.

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